Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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En estos desdichados tiempos que corren, cuando el suelo parece hundirse y el cielo desplomarse, León ofrece los inequívocos síntomas de un enfermo sin remedio. Corren malos tiempos para la lírica en el paisaje de absoluta lapidación moral, social y cultural en que desgraciadamente nos movemos. Pero a los entusiastas por las cosas del saber siempre nos queda Goyo. O dicho sea en otras palabras, Gregorio Fernández Castañón, el mismo que viste y calza. Un hombre nacido para la concordia, el debate enriquecedor y el civilizado intercambio de ideas, que con chocante naturalidad y la mejor de las intenciones ha conseguido que Camparredonda crezca hasta convertirse en una profecía destinada a cumplirse. Ahora que nos han robado casi todas las certezas, y cuando escasea la grandeza de miras de una forma alarmante, llega a su cita anual este proyecto intelectual envuelto en cierto aroma quijotesco y desprendido, pero que se ha ganado el beneplácito por parte de los sagrados y a menudo esquivos gustos del público.

Aunando voluntades y esfuerzos ha programado para el presente 2013 un pack cultural que incluye un par de libros de poesía y la habitual revista, convertida a estas alturas en un gran clásico de la literatura leonesa ya que alcanza su número 14. En definitiva, una gavilla de historias, personajes y situaciones en la que destaca el reportaje sobre el enfrentamiento acontecido en Belchite entre franquistas y republicanos, un episodio bélico de especial brutalidad que se acompaña con una extraordinaria selección de fotografías. Porque esa es otra, los libros de Camparredonda no se pueden entender sin la batería de guiños visuales y detalles plenos de estética y de ingenio que vienen a ser el santo y seña del proyecto ideado por Gregorio Fernández Castañón. Una epopeya privada en la que todo es estilo y actitud.

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