La opinión del lector
Vegamián
Una vez más, la trascendencia de esta villa, ahogada por las aguas del pantano del Porma, asoma en forma de burbujas azules, culturales y antropológicas, sobre la planicie irisada del gran lago.
En el recuerdo imborrable de sus gentes, Manuel Castañón Bayón, nacido en Rodiezmo se casó con Lidia Rodríguez Fernández, descendiente de Vegamián. Y décimos descendiente de Vegamián, porque los padres de Lidia, Gregorio Rodríguez González, que vio la luz en la villa y Ángela Fernández Alonso, emigraron a México, ante la perspectiva incierta y oscura de la invasión que acarreaba el pantano.
Un hijo de Manuel y Lidia, nacido en tierras aztecas, nieto a su vez de Gregorio y Ángela, Juan Manuel Castañón Rodríguez, se ordenó sacerdote el día 18.
En aguas, que custodian a Vegamián, afloraron otra vez en la Gran Laguna desecada que fue y es la capital de los aztecas y de los mexicanos y donde se desarrolló una esplendorosa cultura, que todavía pervive en sus monumentos, sus colores y su vegetación que era similar al río, los valles y montes que circundan el Ayuntamiento de Vegamián. Las gentes del pueblo anegado sintieron las emociones que tantas veces estallaron en sus vidas, al tener un sacerdote más, descendiente de sus habitantes esparcidos por la rosa de los vientos en todas las latitudes. Un orgullo, con canto de urogallo de Pardomino, que se añade a las múltiples vocaciones religiosas, literarias y científicas, que la villa generó y propició.
Todos recordamos la fiesta deslumbrante que se desarrollaba en el pueblo, cuando un nuevo y joven sacerdote, nacido entre agua, flores y árboles, cantaba su primera misa en la parroquia.
Desde esta su tierra, que sigue siendo su ancestral cuna, mecida por las olas del pantano, enviamos nuestra más expresiva y cariñosa enhorabuena al nuevo sacerdote y a sus padres Manolo y Lidia.