Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El Ayuntamiento de León cobrará un euro diario a los músicos callejeros en concepto de utilización de espacio público. Es una cantidad simbólica, encaminada más a poner orden en la actividad acústica que a recaudar fondos. Ayer mismo escuché a un guitarrista callejero tocar, con un acompañamiento enlatado de chundachunda, la canción Amapola . Sonaba hermosa y humilde, como todo lo que nos remonta a la banda sonora de nuestros padres y abuelos. Pero como lo repetitivo agota, la normativa municipal les impedirá tocar siempre en un mismo sitio, para que vecindario y comerciantes no terminen odiando las canciones que antes les gustaban. A veces, al músico se le va la mano con el playback y sus solos suenan como si se hubiese tragado a la orquesta de Glen Miller con los coros de Nabuco , pero no importa, parte del encanto está precisamente en esa pequeña trampa, que a nadie engaña. Eso sí, parafraseando la quinta virtud del pájaro solitario, ideada por San Juan de la Cruz: «ha de sonar suavemente». Ni en susurros, ni como el grito de Tarzán.

Recuerdo que Sosa Wagner impartió hace años una conferencia o una lección inaugural sobre el exceso de contaminación acústica. Es cierto, la hay. Y Halffter se ha manifestado en numerosas ocasiones contra la costumbre de vernos obligados a escuchar música cuando no lo deseamos, pues irrumpe de todas partes. Sin embargo, ahora en medio de tantas preocupaciones a nuestra ciudad le viene bien tener banda sonora, pues como a aquel personaje de La rosa púrpura de El Cairo hay días que dan ganas de adentrarte para siempre en el interior de una vieja película, de aquellas con final feliz y malo derrotado. Pero no. Este es el presente que nos ha tocado vivir, no para aceptarlo sino para cambiarlo.

Es hermoso que haya músicos callejeros, para que si un día usted camina cabizbajo por la calle, de repente, una canción que hace mucho que no oía, le haga de nuevo silbar. Sí, este el tiempo que nos ha tocado vivir. No cabe huida. Es nuestra prueba. Otras generaciones pasaron otras más aciagas. No cabe quejarse, sólo actuar. Y como proclamaba Diamond en una de sus composiciones: «Tu eres el sol/ Yo soy la luna/ Tu eres la letra/yo soy la melodía/ tócame».

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