EN BLANCO
El revistazo
Los columnistas hemos venido al mundo, básicamente, para convertirnos en cazadores de hechos y novedades. Y puesto que para muchos leoneses, como es mi caso, la Sociedad Deportiva Venatoria forma parte primordial de nuestra educación sentimental, conviene saludar como se merece la aparición de su revista social, un empeño común que trata de poner en valor la actualidad de este proyecto de larguísima trayectoria histórica, pues rompió aguas allá por el remoto año de 1906. Surgido en aquel mundo de sanas costumbres y honorables cualidades, el casticismo venatorio queda sobradamente demostrado con un par de botones de muestra. Su primer presidente fue el excéntrico Gumersindo Rosales, un oculista de profesión que llegaría a ser alcalde de León y también propietario de uno de aquellos coches que espantaban a los peatones capitalinos. En cuanto a la sede inicial, estuvo en el café Suizo, sito en la esquina de la calle Independencia, que más tarde pasaría a llamarse café Nacional, trasladándose a partir de 1907 al café Victoria, cuyas puertas se abren desde 1887 en su escaparate de la calle Ancha.
Ahí comenzó la hoja de ruta de La Venatoria, un manifiesto de vida que ha ido adoptando usos propios. Por ejemplo; la primera piscina de Papalaguinda, ajardinado patio de vecindad que conocemos gracias a las entrañables fotografías de Pepe Gracia que se reproducen en la publicación, una colección de fetiches en blanco y negro empeñados en recuperar un tiempo perdido. Porque se perdió, efectivamente, aquella nostálgica pileta debido a una riada del Bernesga, accidente que decidiría la instalación definitiva en los terrenos del Parque. Estos y otros muchos extremos se rememoran en la revista, o más bien revistazo debido a su extensión y minuciosidad, envuelta en un baño de estilo que podría llevar la marca de «made in Venatoria».