Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Que digo yo que esto de los libros es como las personas, que hay algunos que solo quieren una conversación idiota y hay otros que, sin embargo, pues les gusta profundizar. Yo, ni una cosa ni otra, que la mayoría de las veces es mejor mantener las distancias y seguir día tras día las mismitas consignas sociales. Hagan la prueba y ya verán que mantienen idénticas conversaciones con las mismas personas. Es que si no todo sería más complicado y habría algunos que pensarían que quieres algo diferente y no es plan. Por eso resulta tan difícil cambiar el paso con algunas personas, que una vez que se te meten en casa, pues que no las puedes sacar y eso que dicen las madres de que cada uno en su sitio tiene su razón y su ser, que luego les hay que de purita confianza te intentan conchavar. Es lo de dar la mano y acabar sin brazo. Pues con los libros, igual. Hay personas que sólo leen tontunas. No hay más que echar un paseo por las playas para ver, además, que la majadería no entiende de fronteras y que la mayoría hace como con las personas, mantener distancias largas y charlas ajustaditas. Yo no es que quiera dármelas de intelectual, que desde que salió aquel diciendo que la prima solo leía bestsellers pues a una se le queda el cuerpo de solidaridad y he estado por echar a la bolsa las sombras de Grey. Pero es que después recordé que a mí me va el porno duro y a últimita hora metí Trópico de Cáncer, que ya lo leí pero quiero echarle otro vistazo. Nunca se sabe. Así que caí en la cuenta de que podría leer uno romántico, de damiselas en apuros, pero descubrí que Cumbres borrascosas estaba cogiendo polvo y, qué quieren, pues no es lo mismo. Pues, que no sé si hacerme con uno de esos que te cuentan la historia (sobre todo la de los cátaros) pero, otra vez, que me tiro por Zweig, que se le entiende todo y además cuenta la verdad. Cualquiera de ellos, el de María Antonieta o el de Fouché, ya veré. Así que en esas estaba cuando pensé en leer el Telva, que siempre te enseña lo último. Esas chicas tan estupendas que saben como mezclar joyas con alpargatas sin que se note, y además se ponen nombres chic como wako o it, que queda ‘superb’. Pero no, al final me he decidido por Pedro Páramo, por fastidiar, porque Rulfo no necesita nada de nada, nada más que las palabras para mostrar que a veces hay que estar muerto para descubrir de qué va la vaina. Ha dicho Francisco que hay que luchar contra la globalización de la indiferencia. «El dolor no se comparte como si fuera un bien...»

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