Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Este fin de semana viajé por la provincia. En la mayor parte de los tramos del recorrido no nos cruzamos con ningún coche, como en esas secuencias de The Walking dead , en la que los protagonistas circulan por carreteras vacías. Nosotros, aunque mucha vida no vimos, zombis tampoco. La pregunta no es ya sólo dónde están nuestros turistas sino también dónde estamos los leoneses, no se nos ve. Quizá, por ello muchos prefieren hablar de lo que fuimos. Leo en este periódico que el médico e historiador José Manuel García-Osuna acaba de publicar dos libros sobre historia medieval. «En el medievo los leoneses estaban más contentos con el poder que los de hoy, el rey se paseaba por la ciudad sin ningún problema», dice. Sin ningún problema, pero con la maza cerca. A ver quien se atrevía a increpar al monarca, pongamos que a la altura de calle Ancha: «¡Váyase, señor González!». ¿Y al revés? ¿El súbdito podía pasearse también sin problemas por palacio? El cartel de cuidado con el perro se inventó en esta época. Asegura que Alfonso IX tenía mucho éxito con «las mulleres». Mera erótica del poder. Más meritorio fue lo de su bufón: bajito, feo y mileurista. Un portento. Murió en el potro, hizo reír a quien no debía. Seguro que su últimas palabras no fueron: «viva las caenas», sino «si lo llego a saber, nazco en el XXI».

«El Cid fue un inepto», recalca don José Manuel. Pues llegó a presidir la Asociación Nacional de Rifle. También dice de él que fue «el Bárcenas de su época». Touché, tampoco yo le dejaría las llaves de mi coche. Conste que todo esto lo escribo con simpatía hacia este médico historiador, con cuyo hermano Carlos, excelente crítico de arte, he colaborado. A mí el pasado remoto me gusta, pero como en el presente en ninguna parte.

En Un yanki en la corte del rey Arturo, la obra de Twain, el personaje protagonista viajaba en el tiempo desde el siglo XIX al medievo artúrico. Ya puestos, el muy imperialista, decide modernizarlos. Si en vez de trasladarse a Camelot llega a hacerlo al Reino de León, no diré que hoy seríamos también la cuna del Internet pero, al menos, usted y yo chapurreábamos el inglés. ¿Cómo Charlton Heston? Sí, señora, pero con acento de aquí.

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