Diario de León
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Benjamín Charro. león
León

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La tiranía

del optimismo

Está claro que los políticos viven fuera de la realidad y abusan de un optimismo muy lejano a lo que el pueblo percibe en el día a día. Ellos cada día son más ricos y los pobres más pobres. ¿Cómo es posible? Sencillamente, gracias al pasotismo del propio pueblo que demasiado cansado ya no cree en nada ni en nadie.

Parece evidente tal y como se van sucediendo los hechos que la política, cada vez más se parece a la cara de la corrupción que ha acabado de condenar y aniquilar el viejo estado del bienestar. No creemos porque resulta difícil hacerlo pensando que el propio Estado sea capaz de actuar y condenar sus propios pecados. Es difícil creer porque el optimismo se ha caído del pueblo y éste no confía que quienes lo han devastado sean los mismos que lo puedan llegar a sacar del abismo. No confía porque parece todo amañado de antemano; todo controlado; todo: «atado y bien atado».

Todo parece pactado, diseñado, manipulado y todos los implicados o partidarios parecen ocuparse más de borrar huellas que de declarar evidencias. Es mucho el poder implicado en demasiados casos conocidos y otros quizás que nunca se llegarán a conocer. Aquí todo pasa y nada queda ¿Se acuerdan ya de Urdangarín? Todo parece hecho. Antes eran fotocopias sospechosas; ahora manuscritos dudosos; después, ¡culpa del pueblo que se ocupa de lo que no se tiene que ocupar en lugar de ir a lo importante como dice el señor Rajoy¡ Demasiada comedia para tan poco teatro.

Tal vez es que las mentiras no se pueden documentar pero quizá también lo sean que los documentos evidencien demasiadas verdades. Siempre me proporcionó mas credibilidad lo escrito que lo hablado aunque todo se lo lleve el viento. Puede que el optimismo les haga pensar que tal vez no interese que los documentos digan verdades porque podría ocurrir como en el dominó que la torre se desvaneciera demasiado rápido. Entre los optimistas me parece que hay demasiados comisionados y comisionadores que quieren hacernos creer lo que nunca fue.

Yo quisiera ser optimista y pensar que aún existe demasiada gente honrada, y es que las sombras de la sospechas, con este calor, tal vez se vuelvan demasiado alargadas. ¡Con estos soles! Entretanto, habrá que esperar, como siempre, a que decaiga la marea, pero no olviden que el pueblo, indefenso, está demasiado harto de tanta manipulación y tanto optimismo perdido. Al final nos harán creer que «los papeles» los hemos hecho entre todos. El pueblo tenemos la obligación de constituirnos en oposición y denunciar lo que no funciona. Es el pueblo con sus plataformas, con sus preferentistas, con sus pladepus, con sus presiones los que han de hacer la oposición. Sí, porque esto también es democracia.

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