Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

Creado:

Actualizado:

Ya hay otro elemento de fricción entre Cataluña y el Estado: el presidente de la Generalitat, Artur Mas, confirmó que Cataluña mantendrá este año las cuentas prorrogadas. La razón que se alega es que el objetivo de déficit para la comunidad dictado por el Gobierno —del 1,58% en 2013— impediría confeccionarlas sin nuevos recortes adicionales. En realidad, la decisión, pactada con ERC, tiene por objeto demostrar irritación ante Madrid, ya que Mas había advertido al Gobierno que no habría presupuestos nuevos si no se toleraba un déficit del 1,8%. El consejero de Economía, Mas-Colell, había manifestado sin embargo, imprudentemente, que el 1,5% de déficit sería «razonable» (el Gobierno partió de un déficit del 0,7%). La realidad es que el acuerdo no se ha buscado con suficiente intensidad por las partes.

El gobierno catalán, además, ha anunciado que planteará una protesta formal ante Economía por el déficit atribuido, que considera injusto e ilegal, y si no encuentra receptividad en el Gobierno, presentará recurso contencioso administrativo contra la medida. Lamentablemente, todo este discurso es intencionadamente rupturista, y en estos casos nunca la culpa es de una sola de las partes: la responsabilidad también alcanza a la displicencia del Gobierno español, que ni siquiera ha intentado llegar a un acuerdo con Cataluña, sabiendo como sabe que el modelo vigente de financiación es cicatero con Principado y que el interlocutor, Mas-Colell, es un flexible profesor, de prestigio internacional, cargado de racionalidad y en las antípodas de cualquier planteamiento sectario.

Dicho esto, es constatable que, por desgracia, ambas partes han adoptado la cómoda postura del encastillamiento, que toma en rehén a toda la ciudadanía de Cataluña, abocada a optar entre posiciones radicales. Ya se sabe que la táctica de Rajoy —en una confusión flagrante del galleguismo con la inoperancia— consiste en no abordar los problemas, con la convicción de que desaparecerán, pero no hay que ser un lince ni un adivino para entender que éste no será el caso: el desenlace más probable es la ruptura, y estamos al borde del punto de no retorno. Si damos más pasos en la misma dirección, la secesión sucederá antes o después pero será un futurible cierto e inexorable.

La carta remitida por Mas a Rajoy el 26 de julio, de la que no hay respuesta todavía al escribirse estas líneas, en la que el presidente catalán pide al jefe del Gobierno español acuerdo para celebrar un referéndum soberanista, debería ser la señal de un ciclo negociador intenso, en el que se tratase de acordar no sólo el modelo de financiación sino un nuevo encaje federalizante que garantizara las aspiraciones básicas de la mayoría catalana. Dar la espalda a la grave patología de la relación entre Madrid y Barcelona es, hoy por hoy, una grave irresponsabilidad.

tracking