Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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León, de tan diverso, es casi infinito. Pensemos en Fornela: ¿qué tiene que ver con Sahagún? ¿Y en qué se parece Ancares a Coyanza? ¿Qué aúna a Puente de Domingo Flórez con Pobladura de Pelayo García aparte de sus nombres desmesurados y graciosos? Tal vez no hay provincia española más variada cuantitativamente. Y es un privilegio vivir en un territorio que es casi una nación en miniatura.

Es posible que esa realidad haya fecundado, junto con otras, la enorme cosecha de escritores que ha dado y sigue dando León. Porque hondura histórica, bruma, montañas, ríos, población dispersa, pequeñas ciudades… apuntalan el decir literario. Enriquecido todo, naturalmente, por lecturas y viajes a otros mundos. Porque vivir cabalmente es saber combinar lo local y lo universal. Si falla un polo, caemos en el aldeanismo más o menos disfrazado de modernidad. Si falla el otro, nos perdemos en un cosmopolitismo huero.

Ser leonés es formar parte de un mapa que nunca conoceremos en profundidad. Y es el que nos determina. La mirada que la tierra leonesa nos dio es para siempre, vivamos donde vivamos, hagamos lo que hagamos. Siempre seremos de aquella ciudad o de aquel pueblo de la provincia donde amor, idioma y vida nos acogieron, nos fueron revelados. Eso no cambia nunca. Ni en León ni en Papúa.

El verano es muy propicio para recorrer con sosiego y curiosidad ese atlas cercano, muchas veces tan desconocido. Sucede entonces que un berciano que pasa unos días en Boñar, pongamos, o en Valdeón, descubre allí que sus paisanos leoneses son diferentes. Y observa, y habla, y mira, y se complace en ese otro modo de vivir. Próximo y lejano a un tiempo. Porque los prodigios mayores suceden cerca. Las grandes sorpresas provienen del interior, de la memoria, de lo que estaba a un paso y lo ignorábamos.

Sorprenderse uno de los paisajes y las gentes del Tíbet o de la Amazonía es algo lógico. Pero no tiene menos enjundia sentir fascinación al contemplar por primera vez el paisaje de Omaña, por ejemplo. Y digo Omaña porque, acaso, sea el corazón rural de la provincia, su reino más sencillo y puro. Entre Omaña y el Teleno me atrevería a decir que radica el epicentro misterioso de los leoneses.

De ahí parten los demás círculos de tierras, caminos y gentes. Laciana, Babia, Luna, Bernesga, Torío, Porma, Cea, Esla, Órbigo, Duerna... Y el Bierzo, claro, que a su vez es diverso, viejísima tierra leonesa. Y al fondo de todo, la Cabrera, que sigue siendo el valle más bravo. El valle mítico. Todo eso ya lo sabíamos en parte, pero cuando mejor lo podemos explorar es en este tiempo de sol. Cuando la melancolía no gana la partida. Cuando todo es más nítido, más alegre. Cuando miramos con otros ojos nuestra tierra, la que nos tocó.

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