AL TRASLUZ
Agosto sarcástico
Este verano me han calificado tres veces de columnista sarcástico. Discrepo. Lo sé, el lector siempre tiene razón, como el cliente de los restaurantes finos; bueno, siempre, salvo cuando no la tiene. El sarcasmo es humor con gastroenteritis, no me interesa como registro. Ahora bien, en una ciudad pequeña como León, tres veces cuentan como treinta en Valladolid, trescientas en Madrid y treinta mil en Pekín. Pero es la actualidad la sarcástica no uno. Leo que en Castrocontrigo, tras el devastador incendio, han aparecido los primeros brotes verdes, de lo que me alegro y felicito a quien corresponda. Pero no me convierte en sarcástico añadir que además de dichos brotes verdes urge una gran revolución clorofílica como la de El día de los trífidos», aquella novela de ciencia ficción en la que unos vegetales vivientes invadían Londres. ¿Por lo de Peñón de Gibraltar? No, señora, fue en protesta por haber quitado Los Ropers. ¿Ven? La realidad es la sarcástica, este columnista se limita a dejar constancia de ella. Dice un titular sobre San Andrés del Rabanedo: «El PSOE denuncia el aumento de insectos y roedores». Ante tal noticia ¿qué hace a finales de agosto un columnista de provincias? ¿correr a entrevistar al ratoncito Pérez, leerse de nuevo La Metamorfosis? No, sacarle punta al asunto, para pinchar un poco, nunca para herir. El sarcasmo no lo pone el columnista, lo traía dentro la noticia, como el regalo en los huevos Kinder.
Si a un leonés con graves problemas económicos le preguntas si ve brotes verdes, tras mirar a derecha e izquierda, te contestará: «Pues no, aquí no se ha dejado la agenda Paquirrín». A veces, ay, el sarcasmo está en la pregunta, no en la respuesta.
Para aclararnos deberíamos especificar qué entiende cada cual por sarcasmo, ese hermano chusco de la ironía. El pasado domingo escuché en un bar a un setentón decirle a un compañero de achaques, mientras ambos se recreaban en el póster de seis bellas modelos desnudas con las que el suplemento «León al sol» despidió al verano: «Ah, cómo es la vida, se pierde el diente pero no las ganas de morder». El otro asintió divertido. ¿Dos sarcásticos? Pero sin acritud, con el corazón. Y, ellos sí, con brotes verdes.