Diario de León
Publicado por
Ismael Almanza Riesco. Pobladura de Yuso
León

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Llanto por el río Eria

Un verano más, a los ribereños de la Valdería, y particularmente a los de Pobladura, nos ha tocado sufrir el bochornoso espectáculo de un río completamente exhausto. Ello significa la pérdida del principal valor ecológico, turístico y paisajístico del valle, la desaparición de uno de los mayores atractivos para los veraneantes como es el baño en el río, y lo que es todavía más grave, la incalculable mortandad de peces y de otras muchas especies fluviales.

A nadie parece preocuparle. Y cuando digo a nadie me refiero a cualquier autoridad con capacidad de decisión en materia hidrográfica. No entienden o no quieren entender que cuando un río se extingue se produce una situación de emergencia tan grave como el desbordamiento. Pero nadie mueve un dedo. ¿A qué esperan para construir las tan anunciadas presas? Sin ninguna duda, esa sería la solución a la situación de emergencia que invariablemente se repite cada verano, y al mismo tiempo esa solución serviría para evitar riadas indeseables. Sería —valga la expresión— como matar dos pájaros de un tiro. Y que nadie venga con el cuento de la oposición ecologista como excusa barata. Cualquier ecologista medianamente sensato (y no hay duda de que lo son) entiende perfectamente que en determinadas circunstancias una pequeña intervención en la Naturaleza no significa dañarla, sino todo lo contrario.

Tenemos ejemplos (dentro de la propia provincia) donde esa oposición ecologista fue muy fuerte, y sin embargo la obra —monstruosa— se hizo tal como estaba proyectada, llevándose por delante no sólo la lucha y los ideales ecologistas, sino también a nueve pueblos que literalmente fueron barridos del mapa con todos sus ricos territorios en la antesala misma de los Picos de Europa. Las presas del Eria en Cabrera no tendrían por qué afectar a ninguna población, ni siquiera a campos de cultivo. En cambio, los beneficios serían enormes, no solo desde el punto de vista ecológico, sino también económico al posibilitar la puesta en valor de las ricas vegas que bordean el curso medio y bajo del río. La muerte del Eria es el preludio de la muerte de la Valdería.

A escasos metros del río, un insultante cartel autopropagandístico suscrito por la Confederación Hidrográfica del Duero y auspiciado por los gobiernos regional y central anuncia a bombo y platillo la conservación y mantenimiento del cauce del río Eria. Ese insultante cartel está pidiendo a gritos una rectificación del siguiente tenor: «Nosotros no mantenemos el cauce, es el cauce —seco o mojado— el que nos mantiene a nosotros». ¡Qué importa que desaparezcan los ríos!

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