Diario de León
Publicado por
Juan Carlos Viloria
León

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Le ha tenido que caer a un exalumno del colegio El Pilar, el más elitista de Madrid, la ingrata tarea de meter mano a las becas en el sistema educativo sacudido también por los recortes. Pero el señor Wert no está solo en esa nómina de alumnos de pago que más tarde han tenido que lidiar con las becas porque le precedieron los Javier Solana, Pérez Rubalcaba, Díaz Ambrona, también formados en esta institución marianista, humanista, liberal y católica que en el frontispicio de las escaleras de acceso tiene acuñada la frase del evangelio de San Juan: «La verdad os hará libres». Pero ahora lo que nos jugamos no es la verdad revelada sino la verdad científica y la liberación de la ignorancia para encontrar un rumbo seguro y sostenible en el sistema educativo. Y las becas, o sea, las ayudas públicas destinadas a los estudiantes cuyas familias carecen de recursos son una parte sustancial. Sustancial, pero una parte. Porque el juego político está convirtiendo el asunto de las becas en un «casus belli».

El argumentarlo izquierdista, en síntesis, señala a los conservadores como unos malvados gestores de la oligarquía que regatean a los pobres unos pocos euros en educación porque ansían perpetuar sus privilegios de clase. Un sociólogo de clase media con poco pelo, simpático y un poco creído elevado a ministro por su amigo Rajoy, sería «el instrumento de la clase dominante» y por tanto enemigo a batir. Desde las filas conservadoras es relativamente frecuente escuchar a los más radicales que el socialismo persigue una educación propagandística, relativista, complaciente, igualitarista y mediocre que ha llevado a España al número 30 en el ranking occidental. Ni tanto, ni tan calvo.

En el fracaso de la educación en España —con matizadas excepciones como el País Vasco— las culpas están repartidas entre los políticos, los profesores, los gestores de los centros, las familias y los alumnos. La virtud del esfuerzo y el sacrificio que ahora tanto se pondera como clave en la formación académica ha brillado por su ausencia durante décadas. Los políticos se han dedicado a caer bien a su electorado y promocionar en los claustros a los afines. Los progenitores arrastrados por la inercia han delegado sus responsabilidades en la escuela a la hora de meter en vereda a los retoños y muchos profesores se han tomado el oficio como un balneario. Si yo fuera estudiante me estaría partiendo el pecho de risa mientras saco matrícula en el último juego de la play.

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