Diario de León

Publicado por
carmen busmayor escritora
León

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Casi vecinos los últimos días de septiembre, el 21, se celebra una vez más el día mundial del Alzheimer, establecido por la OMS en mutuo acuerdo con La Federación Internacional de Alzhéimer.

Dicha celebración, como resulta lógico, lejos de ser festiva y provocadora de un ciego entusiasmo sacude el ánimo de millones de personas con una inquietud tantas veces rayana en la tristeza, la desesperación y un crudo sufrimiento al tiempo que llama a las puertas de instituciones y poderosos e informa a toda la ciudadanía con el fin de obtener ayuda para avanzar en la investigación de esta insidiosa enfermedad y mejorar día a día en la atención a estos enfermos que acumulan olvido y ausencia sin parar hasta su muerte; a estos nuestros enfermos del alma que se distancian de sus allegados sin pretenderlo, aislándose en el abismo de un mundo cada vez más oscuro y cuajado de enfermedad.

Si bien es cierto que esta dolencia «lanzada» al universo por la atrapante e impactante belleza de Margarita Carmen Cansino, cuya ascendencia española pasa desapercibida para muchos, más conocida por Rita Hayworth, quien tuvo el mundo a sus pies y quien ya en los sesenta comenzaba a «tropezar» con los guiones, sigue siendo un enigma, la situación que viven los pacientes en la actualidad más cercana ha mejorado bastante: los fármacos enlentecedores de la misma son más abundantes y eficaces y los centros de día, aunque no lo suficiente aún, proliferan.

No hace tanto que en nuestra provincia sólo existía el de León capital, que poco a poco ha ido creciendo hasta convertirse en el estupendo centro de atención integral más avanzado de España con 226 plazas, inaugurado con regia sencillez por la propia reina Sofía la víspera del día mundial del año 2010, algo esperable si tenemos en cuenta que entre los proyectos estratégicos de la Fundación Reina Sofía, con sede en Vallecas, uno atañe al Alzheimer. Visita, por otra parte, aprovechada por las mujeres de los mineros para hacerle entrega a su Majestad de una reivindicativa carta minera.

Y he dicho, y he dicho bien, que las cosas han mejorado. Pues nadie me negará que la tremenda soledad del cuidador (nada parecida a la soledad del corredor de fondo) que planeaba a diario sobre su vida en los últimos años ha ido atenuándose.

No hay nada más que darse una vuelta por nuestra provincia y observar la cantidad de centros de día para tales afectados, eso sí, debido casi en exclusiva, por no decir en exclusiva, a asociaciones de familiares y amigos, surgidas, sobre todo, al amparo del de León y el del Bierzo (Bembibre, Santa María del Páramo, Sahagún, La Robla, Cacabelos hasta hace poco, Fabero...).

Tales centros de día además de ocuparse del enfermo con afecto y gran conocimiento de su problemática particular, facilitan unas horas de valiosísimo asueto al cuidador, casi siempre un familiar, y difunden estupenda información.

Por ejemplo en las terapias de grupo, impidiendo que con equivocado proceder se prosiga ocultando la dolencia en cuestión y al propio enfermo, como venía ocurriendo con ésta y las restantes dolencias mentales sobre las que desde antiguo pesaba, y aún pesa, por desgracia, un cierto malditismo; malditismo que hay que combatir de todas todas.

En fin, frente a mis ojos una fotografía que es más que una fotografía. Le comento: prosigue el Alzhéimer. Proseguirá. ¿Hasta cuándo?

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