La opinión del lector
Sobre los miedos y las canciones
Hace muchos años, en unos ejercicios espirituales en Barcelona un cura en el púlpito contaba historias terroríficas como la de un niño bueno que arrastrado por las malas compañías, peca, e inmediatamente después se muere, y se va al infierno. O de otra pobre mujer, que murió en pecado y volvió para arrastrar a su marido al infierno. En la penumbra de la gran iglesia escuchábamos aterrados cómo la mujer volvía de ultratumba para agarrar a su marido de la muñeca con su mano de esqueleto y le hacía quemaduras al tirar de él. La sensación que describe mi recuerdo quizás sea el nítido miedo que experimentaba al oír aquellos horrores. Horrores que han llenado nuestra infancia en España durante aquellos largos años.
Veamos una historia similar contada en otro hemisferio. En Estados Unidos, la influencia del puritanismo protestante se manifestaba de modo similar al nuestro en sus narraciones. Sin embargo, la digestión que se hacía con aquellas historias es bien distinta. Un vaquero guarda su rebaño cuando de repente se le aparecen unos fantasmas a caballo, son calaveras y esqueletos que persiguen eternamente el rebaño del diablo. Le amenazan y le dicen que como no cambie su vida, pronto se les unirá, se lo llevarán con ellos.
El hilo argumental del miedo es similar. La diferencia es que en España continuamos viviendo con nuestros terrores, mientras los americanos hicieron de la historia un best seller: la canción Ghost riders in the sky, interpretada por muchos cantantes y en particular por Johnny Cash y Willie Nelson, ha vendido millones de copias. Admiro la imaginación sin límites anglosajona, capaz de transformar una historia de miedo en dólares sin pasar por ningún psicoanálisis previo.
En este punto debo advertir que esa misma imaginación, es la que sin duda ha llevado a multiplicar el dinero de papel en el aire, hasta convertir los mercados en una catástrofe económica y financiera mundial en éste siglo XXI.
Eso sí, alguien entre tanto, estará convirtiendo esta historia moderna de terror en dólares, ahora mismo, en este momento.
Quizás en España podrían empezar a ir mejor las cosas cuando seamos capaces de convertir en euros nuestros fantasmas, o al menos, hacer con ellos una canción.