Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tirando piropos como pedos lleva siglos el varón... aquí, en Lima o en la China Popular de Rovira.

Y poquísimas veces van esos piropos envueltos en gracia, en ingenio o con poesía. Lo normal fue siempre lo bruto, lo explícito, lo ñoño o lo soez, aunque ¿evolucionamos?... sí, ahora el piropo es bestia y se cuelga en la red.

El ejemplo tópico que se pone de antiguo como cátedra popular del piropo castizo es el andamio con sus exabruptos de albañil mastuerzo y recalentado al sol: ¡que no pase hambre ese culazo, tía redonda! ... y de este jaez el resto.

También es cierto que existe (o existió) el piropo ingenioso y floreado o el requiebro de rima picuda, gracia cañí que tiene este pueblo tunante, aunque no llego creer del todo la historia que me contó una vez Julio Llamazares cuando un día, en una calle de Madrid que no recuerdo, contempló la escena de un peluquero o tendero ocioso apoyado en la puerta de su negocio y que clavaba su reojo en una señorita estupenda que se acercaba por su acera; al llegar a su altura, repasándola una última vez del tacón a la espetera, le soltó en tono cheli un melindre hojaldrao: Muñeca... ¿puedo pedirte pa Reyes?... (y no puedo creerlo del todo porque ya me contaron la misma o parecida historia en Villablino y en Segovia, lo que no quita al requiebro del peluquero un ápice de veracidad, ni mucho menos de ingenio literario).

Sin embargo, hay sensibilidades hoy (y leyes) que el piropo lo consideran agresión a la mujer, acoso a su dignidad. Instituciones y movimientos feministas tienen sitios en la red donde se alienta a denunciar estos abusos del sexismo cotidiano, esas cosas que no entran en el grado de delito, pero sí en la actitud babosa e impune del delincuente crónico... y es punible, sin duda alguna, pues también la palabra tiene manos, baba, badajo y agrede, aunque parece excesivo que en una de esas webs se denuncien también las miradas lascivas ... ¡coñó, toca madera!... lo de lascivo nos devuelve al moralista de Trento que con lupa viciosa distinguía los tocamientos impuros según fueran sobre tela o sobre piel... ¡¿miradas lascivas?!... uy, Sócrates dice que entre feministas hay mucha monja... y poli.

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