EL RINCÓN
Cuentas oscuras
El Tribunal de Cuentas, no sabemos si por la cuenta que le tiene, ha decidido que queden proscritas todas las irregularidades perpetradas por partidos políticos anteriores a 2012. Lo pasado, pasado, y no va a abrir expedientes sancionadores, ya que luego no hay forma de cerrarlos.
No existe cohecho si estuvo bien hecho, aunque algunos fiscales critiquen el archivo de lo que llaman «investigaciones incompletas», que son casi todas. Un gran borrón ha caído sobre las cuentas antiguas, que ya estaban bastante oscuras.
Hay que mirar al futuro, que tampoco está claro ni mucho menos aunque nos halaguen los países ricos diciéndonos que hemos elegido el buen camino para seguir siendo pobres durante una larga temporada. Como aquel párroco que gritaba aireadamente desde el pulpito que a él, en cuanto a la humildad, no le ganaba ni Dios, nosotros podemos alardear de que no es fácil derrotarnos en ese terreno, tan alabado por los místicos y por los que tienen infinitos motivos para ser humildes. Contra esa virtud cristiana se reveló Baruch Spinoza. Aquel judío español que nació en Ámsterdam y que escribía en latín desenmascaró a los que se pasan de modestos al aclararles que en vez de una virtud es una tristeza que nace de la contemplación de la propia debilidad.
No es fácil conocer a nadie que no sea un eremita que haya escogido llevar una vida de total renunciación. Claro que tampoco es sencillo conocer a alguien que viva recluido y no se le vea el pelo. Lo que si va siendo más habitual es la vergüenza por la exhibición del derroche.
El papa Francisco, que ha sorprendido a la alta curia declarándose cristiano, se esfuerza por traer una nueva sensibilidad que compartan creyentes y no creyentes. La reprobación del lujo está llevando, con alguna timidez por ahora, a que los gerifaltes de algunos partidos políticos hagan públicas sus rentas, incluidas las de sus parejas. ¿Usted con que cuenta? Y sobre todo, ¿con qué contaba antes de dedicarse al abnegado servicio de todos nosotros?