FUEGO AMIGO
Expolios bañezanos
El rescate de un arco del monasterio de Nogales, distraído en un mesón de La Bañeza, ha esperado a que prescribiera el delito de su robo, aunque la denuncia llevaba tiempo puesta por la alcaldesa de San Esteban. Mientras, los vecinos de Quintana del Marco siguen esperando que un juez decida a quién devolver la rebanada cabeza de Marco Aurelio, que una banda sevillana apeó en febrero de la espadaña del pueblo. Son descuidos que no dejan de resultar inquietantes. El de los guardias, porque la denuncia ya indicaba hace años el paradero de la rapiña, y el judicial, porque la ley establece el depósito en el museo provincial de las requisas patrimoniales. Es como si no tuvieran otra cosa para entretenerse.
El legado de la quinta romana de Los Villares, junto al Jamuz, ha sido uno de los más infelices y espolvoreados de nuestro patrimonio. Basta mirar a la Salceda palentina o acercarse hasta Almenara, en Valladolid, para comprobar el esplendor de las villas campestres de finales del imperio romano. Sin embargo, en Quintana del Marco sólo quedan despojos: unos cuantos retales de mosaicos aprovechados para adornar fogones domésticos y el busto degollado de Marco Aurelio. A finales de los setenta hizo su inventario Luis Pastrana en Tierras de León y todavía pudo fotografiar un montón de fragmentos de mosaico, revueltos con un leñero, en un corral de La Bañeza. La pieza más importante de Los Villares es el mosaico de Hilas y las ninfas, que muestra el Museo de León, después de que se lo ofreciera el ceramista Zuloaga al doctor Marañón. Otros mosaicos recalaron en el Arqueológico Nacional. Lo demás se lo llevó la trampa, a colecciones particulares madrileñas y americanas.
Varios bustos romanos de Quintana del Marco viajaron al museo de la Sociedad Hispánica de Nueva York, donde también recaló la pareja yacente de Suero de Quiñones y Elvira Zúñiga, dos espléndidas figuras de mármol atribuidas a Pompeo Leonni, procedentes del monasterio de Nogales. Las pulió el marqués de los Salados, impulsor de la homeopatía y con buenas relaciones en Francia, después de serrarlas por su mitad, para facilitar el traslado. Primero las llevó a Madrid y de allí a París, donde se ajustó su venta en ochenta y dos mil francos el 18 de octubre de 1912. Otros restos del monasterio de Nogales se ven desperdigados por las casas del pueblo y en un viejo molino. Lo más lamentable es que el infortunio de Nogales no supone una excepción. Ninguno de los grandes monasterios masculinos leoneses se salvó de la devastación: Sahagún, Eslonza, Sandoval, Montes, Carracedo. A finales de octubre, llega la feria de San Simón a Sahagún, pero tampoco podrá distinguir con el puerro la retirada del pegote del cuartel al monasterio. Ya está bien.