La opinión del lector
Disculpas, Viejo
Por un descuido absolutamente involuntario omití mencionar, en mi último artículo de tribuna de opinión del día 29 de septiembre titulado Cuerdas, viento y voz, al eminente organista Adolfo Gutiérrez Viejo. Le pido disculpas. Sirva como penitencia del pecado cometido la reproducción de mis últimas palabras, con alguna ligera variante, pero colocado ya su nombre donde, en mi humilde opinión de melómano y en la de las más autorizadas conocedoras y expertas de la música, especialmente la de órgano, merece y corresponde estar. Con lo cual espero y no dudo obtener el perdón de su alma generosa.
«Esta tierra de León es cuna de buenas letras, por muy buenos narradores y también buenos poetas; y además, a la sazón, tiene dos grandes tesoros: por abajo está el carbón y por arriba sus coros. Aunque el negro mineral lo está pasando muy mal, porque un ministro canario le ha puesto canto final, luto y crespón funerario. Pero la masa coral sigue su marcha triunfal, viento en popa a toda vela contra cualquier temporal, creciendo en eco y escuela».
A la pulchra le ha llegado nuevo órgano teutón, y Guigou, que lo ha tocado cuando la inauguración, a la gente que ha escuchado con la máxima atención, el corazón le ha dejado palpitando de emoción. Le toca a Adolfo y Samuel, organistas compatriotas en este suelo leonés, demostrar que dan las notas como el maestro francés. Por ello excelentemente, como mima el campesino el cultivo de la mies, pues labran bien el teclado, con los dedos y los pies.