EL BAILE DEL AHORCADO
Beade
Es un problema espinoso, porque aquí hay dos derechos enfrentados: el de la libertad de opinión y el de la causa de la democracia. Así que resulta complicado decir si se deberían poner en marcha leyes que evitaran que los cargos públicos hicieran gala de credos o ideologías criminales, tales como el franquismo, el nazismo, el maoísmo, el stalinismo, el polpotismo, etc. Personalmente, me parece vomitivo ver al alcalde de Beade sacar a pasear la foto de Franco, o a la regidora de Quijorna asegurar que se paseó por la feria de esvásticas pero no las vio. Probes , no dan ‘pa más’, pero no son los únicos. El problema no son ellos, el problema son la legión de votantes que deciden regalarles su sufragio y, por supuesto, el partido que decide auparles en una lista. E, insisto, las siglas me dan igual. Porque estamos en un país en el que parece que el que más chifla, capador, en el que la ignorancia ha conseguido auparse a la pirámide de Maslow, en el que ya nadie se avergüenza de que sus representantes sepan menos que ellos de cualquier cosa. Así que, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿A quién hay que echar de la vida pública a Senén Pousa o a todos aquellos que deciden que cuarenta años no fueron suficientes? ¿Quién es más culpable? ¿Gordillo o quienes dejan que les arrebate su derecho a responsabilizarse de su propia vida? Damos vergüenza ajena. Somos un país en el que la noticia de que la capacidad para entender un texto simple no llega al 30% de los españoles ni siquiera sonroja, pero nos sorprendemos de que un alcalde tenga a Franco colgado del despacho de la representación ciudadana.
Es el paisanaje habitual, el de la estirpe española, cada uno en su pequeño ecosistema repite los mismos esquemas. Si sólo fueran uno o dos, pero la excepción es lo pintoresco, lo que llama la atención. Aquí, sin salir de León, que tampoco hace falta, aquí mismito tenemos una recopilación de políticos que podrían ir, uno por uno, protagonizando las portadas del sainete, pero la realidad es que no lo vemos, como tampoco vemos nuestra farsa de cada día. Así que, ya ven, la democracia da para lo que damos todos nosotros. Es así de triste y así de cierto. Esperen a ver quién se vuelve a quedar con la alcaldía de Beade o con los escaños en el Senado por León, por ejemplo. La calidad democrática depende de la calidad de los votantes y ahí están los rostros de los que afean la nuestra.