CORNADA DE LOBO
Favor, clarinetes
Tiene Sócrates V. algo abollado el tímpano tras décadas seguidas soportando ensayos de tambor papón y corneta papona a pie de ventana muchos días al año, meses y meses de rutinarias melodías matraqueadas hasta el desquicie... bien le comprendo, he vivido y vivo apresado en un caso similar... y comprenderá el lector que un solo tararí lejano se nos haga estocada en el oído y la cosa, lejos de invitarnos al júbilo penitencial, nos coloque demasiado a menudo en el umbral de la blasfemia... y más allá.
¿Qué puede esperarse de una corneta?... cornetazos, recordando que cornetas, cornos o cornetines son hijos directos del cuerno. Ahora el cuerno es de lata, aunque valen poco esos metales para la sutileza musical, les puede el desgañitarse ruidoso, tienen corto el registro y muy limitada su virguería.
Pero León se volvió cornetera.
Si es por nacer a la música, denle paso, pero no me tiene esperanzado tanta afición al clarín y tanto gusto por el desfile o la marcha militar, dijo Sócrates, que planteó también cuánto tiempo ha de pasar hasta que evolucionemos del clarín al clarinete y del desfile tieso al vals con orquesta, porque eso indicaría que esta ciudad creció en espíritu y no sólo en pellejo de tambor superando al fin los tararís con melodías... y nos miró con lástima, me pareció, preguntando: ¿lograréis algún día sacudiros esos gustos cuarteleros o es que el mamporro y el corneto están escritos en los genes de esta ciudad que nació para cuartel de legión?...
Buñol también fue cuartelón y acastillado, tiene diez mil habitantes y admira que no haya corneteros, sino dos bandas-orquesta que lo mismo suenan a Chapí que a Chopin. Allí ya hace que pasaron del clarín al clarinete, en cada casa hay uno o varios instrumentos y se divide el pueblo en dos irreconciliables bandos según pertenezcan sus familias a la sociedad musical La Artística (los Feos ,) o a La Armónica (los Litros )... esa es toda su gran disputa civil, ver quién suena mejor... en fiestas hacen tregua y sólo toca la banda que forman los jóvenes de las dos, lección de civilidad... ¡cómo no envidiarles desde estos redobles y estridencias acazurradas!, se lamentó el filósofo.