Diario de León
Luis Urdiales
León

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Zapatero suele empezar a decir algo un día después de comenzar a hablar; igual viene de ahí lo del dilema. Martín Villa acostumbraba a hacer un rato antes de contarlo. Por eso nos enteramos de lo de Castilla cuando llegó el primer recibo. O casi anteayer, al pie de los elogios del ex presidente que descubrieron el pastel tras tres décadas de impuestos. El tránsito del dedo del acusado a la reciente atribución de Zeta, que se inmola y autoinculpa, lo resume una foto, un encuentro concesivo de los que añoran los focos. No tenía bastante León con el martillo del Páramo que del cielo le caen los clavos de Zapatero. La sustancia del encuentro deja ver sobre el fondo de pantalla secuencias que se escaparon a un guión apropiado para el dúo sacapuntas en una jornada de exaltación sobre cómo estaba la plaza. Sólo esta tierra es capaz de parir un político atrevido que diga en público que el sistema que tiene entre mazmorras a León desde que le salieron los dientes de leche a la última generación en vida es bueno por distribuir riqueza. Hombre, esos cojones en Despeñaperros. Haberlo dicho a la salida de los trenes cargados de chavales, en medio del caudal del éxodo de los setentamil paisanos que tiraron de maleta para no pedir por la calle; o en el valle de Sabero, o cuando Felipe, también, trancó Riaño (otra gesta en la que Jaime, el truchero, se partió el pecho igual que por el mapa autonómico). Con esta actualización de currículum, a ver quién defiende ahora la moción para ponerle un calle Rodríguez Zapatero. Las declaraciones en sede comunera le suenan a música celestial a la audiencia acomodada, a la casta de privilegiados que vive del sistema entronizado. Veremos si es capaz de ratificar con el mismo papo y punto por punto el discurso que agrada a la progresía castellana ante un foro en Trobajo, en Ciñera, en el barrio de la Placa, o incluso en Coyanza. A ver si repite lo de las autonomías que distribuyen riqueza con las persianas caídas como testigos de cargo. Fue Martín Villa el que, cuando el zapaterismo temprano, vaticinó que a la misma hora que aquel mesías campaba por Moncloa un joven se formaba en un colegio de alcurnia de la ciudad y en unos años tomaría el relevo en el foro de la política nacional; que el presagio se dilate tanto como el AVE. Está León como para aguantar otro meneo político, incapaz ya de sacudirse ese reparto de riqueza que cacarea Zapatero.

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