CORNADA DE LOBO
Hay que merecerlo
Tienen que saber que si abolieran el concejo de vecinos (así lo ordene fräulein Angelines), sería una fechoría tan inimaginable e imperdonable, que pasaría a la historia como aberración legislativa más boba y más loba que pueda concebirse.
El concejo es sagrado.
Es una herencia (viva) de siglos.
Imagino que si vascos o catalanes tuvieran el privilegio de contar entre sus tradiciones forales estas juntas vecinales y sus bienes del común con estos concejos que rigen la vida de nuestros pueblos desde hace ocho siglos, se partirían el pecho y le partirían la cabeza a alguien por defenderlas y mejorarlas si intentaran menoscabarlas; y no digo ya abolirlas, en cuyo caso pasarían directamente a los cañones.
El concejo es un patrimonio vivo, pero van a fusilarlo al amanecer. La cuna del parlamentarismo es un patrimonio muerto, pero lo resucitan para inventarse un orgullo hueco que sustituya al del concejo difunto... y al fondo, el gran coro de políticos cazurros canta a boca cerrada «el concejo no está aquí, se ha marchado esta mañana»...
El domingo puse voz al texto de la coordinadora de defensa de las juntas vecinales al final de una manifestación que, pese a arrastar a cinco mil personas, no contó con el peso popular y relevancia institucional o política que debería esperarse ante el tamaño del delito político que se denunciaba (en esta provincia, la que más patrimonio concejil exhibe de España, la desaparición de juntas vecinales será una masacre desproporcionada).
Pero bueno, esto es León y en la acera o tras la sebe nos guarecemos, aunque me seguiré partiendo la pluma por defender la figura del concejo, el autogobierno. Sin embargo, no puedo partirla por un montón de juntas vecinales que ya sólo son vestigio, simulacro o mangoneo de unos pocos en tanto pueblo sin gente o sin alma... la corrupción toca en su medida a estas entidades, que no por ser pequeño su común deja de tentar igual a la garduña.
Creo que la abolición no se producirá, pero tómese como aviso. Y trabájese el concejo, pónganlo a laborar y a demostrar que vale. En fin, «el concejo, para el que lo merece» y el que no...