Diario de León
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JAIME LOBO ASENJO EX SENADOR DEL pp
León

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Gloria a ti, Don Quijote, aventurero/ que al padre que te hiciese le precedes/ y gloria a ti, que por la fama accedes/ a ser de los manchegos el primero». (Lucrecio Pérez Blanco).

Parece ser, que el profesor y escritor leones, Santiago Trancón, según Jesús A. Courel, se ha embarcado en un próximo libro en la «quijotesca aventura» de derribar dos «gigantescos molinos»: la nacencia o linaje de Miguel de Cervantes, al que hace leonés y descendiente de judíos y las correrías de don Alonso Quijano, que el sitúa, en buena parte, en tierras leonesas, y todo ello, «sin temor a desaguisado alguno». He de decir que dichas teorías, con algunas variantes, la mayoría localistas, las han mantenido Cesar Brandariz, Eutimio Martino, José A. Llamas o Damaso Alonso, entre otros.

Es indiscutible que existen dudas y polémica sobre el lugar de nacimiento de Cervantes; así, se le atribuye, el municipio de Alcázar de San Juan, que asegura contar con la auténtica partida de nacimiento o los de Esquivias, Lucena o Consuegra, y como decía, antes algunos escritores e historiadores. En el otro lado de la polémica, la muy acreditada enciclopedia Espasa da de forma indubitada a Cervantes, como natural de Alcalá de Henares y bautizado en Madrid el 9 de Octubre de 1547 y asegura que sus padres fueron un noble hidalgo castellano, Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas «señora de ilustre alcurnia», natural de la villa de Barajas. Como puede verse, mucho con los Ancares leoneses o la provincia de Zamora no parece tener que ver. Así mismo, la archiconocida y consultada Wikipedia (enciclopedia libre de internet), data su nacimiento en Alcalá y asegura que desde el siglo XVIII, está admitido así, pues de esta manera figura en su fé de bautismo y que el mismo Cervantes manifestó ser alcalaino en la llamada información de Argel (1580). Por otra parte, sus ascendientes, abuelos y bisabuelos, no consta que fueran de nuestra tierra, más bien al contrario. El cervantista Jean de Caravagio, asegura que la vida de Cervantes no deja de plantear múltiples interrogantes y dice: «si bien sabemos desde mediados del siglo XVIII» cual fue la patria de Cervantes —Alcalá de Henares— existen dudas sobre el día exacto de su nacimiento», pero ni una sola referencia de este escritor, en su amplísima biografía de Cervantes a una posible nacencia en tierras leonesas. En igual sentido, se han pronunciado la Universidad Europea, Argenter y otros muchos.

Y por lo que se refiere a los escenarios en los que transcurren las «venturas y desventuras» del Caballero de la Triste Figura, y la Mancha como lugar de su puesta en escena, sin pretensiones de polemizar, ni mucho menos refutar las teorías de nadie, por múltiples razones que no son del caso, he de ser beligerante (en el buen sentido del término) en defensa de las teorías «manchegas». La Mancha, cuenta entre sus timbres de gloria el haber sido elegida como lugar de los hechos de las aventuras de Don Alonso Quijano, aquel hidalgo enloquecido, que aspiraba nada más y nada menos que a restaurar en el mundo los perdidos ideales de justicia universal, por lo que se lanza a la llanura manchega a «desfacer entuertos» y resucitar un pasado heroico, junto a su fiel escudero Sancho, peregrinando media España, desde la meseta al mar. Cervantes, con los Anales de la Mancha en la mano y los cartapacios arabigos de Cide Hamete Benengeli, hallados en Toledo, retrata de forma magistral, tipos y costumbres, por unos caminos, que aun hoy podemos reconocer y recorrer, pues la Mancha ha sido, es y será, tierra de paso, de ventas y caminos y en tiempos de Cervantes se encontraba entre las cuatro ciudades de mayor importancia de la Península: Lisboa, Sevilla, Madrid y Valencia. Y a don Miguel le tocó vivir la experiencia en muy diversas ocasiones de atravesar la Mancha, lo que pudiera haber predeterminado, la elección de la Mancha como patria de Don Quijote, y primer y principal lugar de sus aventuras, pues estas exigían campo abierto, ambiente rural y amplios descampados. Como diría José Mª. Barreda: «Cervantes no quiso acordarse del nombre de su pueblo o aldea, pero sí de la inmensidad de un territorio lleno de lugares inolvidables». Leer el Quijote, es adentrarse en el Campo de Calatrava, El Campo de Montiel, Puerto Lapice, el Valle de Alcudia, La Sagra, la Serranía de Cuenca o el Señorío de Molina. Y por último, decir, que en el Congreso Internacional Ruta del Quijote, celebrado en Ciudad Real en 1995, se dejó establecido en sus conclusiones, que esta «ruta» es patrimonio espiritual y cultural de la Mancha y que a través de sus gentes y tierras se materializó la novela cervantina.

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