AL TRASLUZ
Que sean dos
Cuando los curas hablan de política deben hacerlo desde un registro crítico pero conciliador. Jesús Calvo, el párroco de El Burgo Ranero hace análisis políticos muy poco conciliadores, aunque quizá llamarlos análisis sea excesivo. Cree que la horca tiene cualidades ejemplarizantes y con amplia bibliografía teológica detrás. «A cada uno hay que darle lo suyo. La justicia es en proporción del bien y del mal hecho». También Pérez Reverte acaba de lamentar que a este país le falten unos días de guillotina, mira que a algunos les gusta el patíbulo. En declaraciones a este periódico, don Jesús se ha reafirmado en su reivindicación de Franco, en comparar la homosexualidad con la lepra y en abogar a favor de la pena de muerte. Además, ha cargado contra el Rey, contra el papa Francisco, Benedicto XVI y la Constitución de 1812. Esgrime en defensa de su propia solvencia como politólogo que ha escrito cinco obras —Lafuente Estefanía publicó muchas más— y que tiene registradas más de 120 composiciones en el archivo de la Catedral. Cuando le entrevistó este periódico acaba de tomarse un café con el jefe de Falange de Castilla y León. Acabáramos. La partida hay que echarla con quienes son de diferente ideología a la tuya, para que fluyan las ideas. Por ejemplo, con el socialista don Gerásimo, el alcalde de su localidad. Lo de menos es si uno prefiere el dominó y el otro el tute, si este es de futbolín y aquel de billar. Escuchar, mejor que escucharse.
Se le ocurre a Buñuel sacar en una película a un cura así y muchos hubiéramos exclamado: «¡Ya le salió a don Luis su vena anticlerical!». Pero existe esta España, aunque sea minoritaria. En mis inicios entrevisté a Serafín, el dibujante de La Cordoniz , aquel de las marquesas con porrón. Me pidió que le acompañase hasta una peluquería barata. Cuando entramos, los peluqueros estaban tocando la bandurria. Su corte había quedado obsoleto y ya no les entraba clientela, salvo por sorpresa. Me espeto divertido: «Y luego dicen que soy yo el surrealista». Este es aún un país de surrealismos varios.
Si en anterior columna pedíamos para don Jesús una colleja, ahora rogamos que sean dos. Se ha quedado anclado en el año 36, pero del siglo XIII.