Diario de León
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León

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España ha fracasado en su primer proyecto democrático sólido de su historia. Quien tenga capacidad de percepción podrá comprobar que todo lo esencial para estructurar un estado democrático moderno se diluye como un azucarillo en agua caliente. No estamos solo ante una crisis económica y social. Todas las instituciones del estado carecen de cimientos para recuperar una normalidad transitable.

España es un estado en donde algunos, bastantes ciudadanos, no tienen claras sus fronteras. Una parte importante de la nación está planteando, como un desafío, su independencia. El planteamiento secesionista en Cataluña se está llevando por delante el modelo de partidos que le han dado estabilidad durante la transición. Otra comunidad autónoma, Euskadi, puede ser gobernada por los herederos políticos de ETA.

Las instituciones del Estado, desde la jefatura a los ayuntamientos, carecen de reconocimiento ciudadano en una marea de desafección sin precedentes.

El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional son zarandeados cada vez que una resolución no coincide con un grupo ciudadano que denuncia que son instituciones politizadas.

Los sindicatos están mermados, desacreditas y con su legitimidad cuestionada por grupos políticos y por una mayoría de los ciudadanos.

Los empresarios no están mejor. El expresidente de la Ceoe está en prisión condicional acusado de gravísimos delitos económicos

La hija del Rey yace bajo sospecha de graves delitos económicos de los que ya está imputado su marido. El Rey, con una salud precaria, mantiene en vilo a la clase política entre las demandas de abdicación y la incógnita de cómo se producirá la transición de la Corona.

Los escándalos de corrupción política necesitarían un vademecum para seguirlos con detenimiento. Las encuestas y los estudios demoscópicos determinan un final de modelo parlamentario y político. El partido en el Gobierno está en una fosa de desafección y el de la oposición no remonta desde los resultados más bajos de su historia.

Desde la razón, la respuesta a tantos retos superpuestos solo puede ser global, planteada desde grandes consensos políticos y sociales, y con el objetivo de refundar la democracia española. No se ve a ningún estadista capaz de transformar los puros impulsos electorales en vectores de largo plazo capaces de hacer frente a estos desafíos.

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