La opinión del lector
Iniciativa emprendedora
La Consejería de Educación, en una orden de septiembre de 2013, insta a todos los departamentos didácticos de los centros de Enseñanza Secundaria Obligatoria a incluir en sus programaciones actividades encaminadas a «reforzar la formación y motivación para la creación de empresas en las etapas educativas no universitarias». Se le imponen al profesorado tareas tan novedosas como (cito textualmente) «llevar a cabo proyectos de empresa, desde la idea inicial hasta el análisis de su viabilidad, que permitirán al alumnado desplegar una actividad mental creativa y diversa para afianzar habilidades emprendedoras y adquirir el conocimiento de los recursos que la administración pone a disposición, bien para crear una empresa o bien para el autoempleo».
La orden, en su conjunto, no tiene desperdicio. Si leemos atentamente el texto caeremos en la cuenta de que lo que se pretende es trasladar al ámbito educativo la obsesión enfermiza por sentar las bases para moldear un determinado tipo de ciudadano, adepto incondicional de la mentalidad mercantilista al uso y consiguientemente incapacitado para adoptar cualquier tipo de actitud crítica frente al sistema. O sea, un ejercicio de adoctrinamiento. Dicha labor de proselitismo al servicio del nuevo dios Don Dinero (cuyos atributos esenciales vendrían a ser la productividad, la competitividad y la iniciativa emprendedora) ya se viene ejerciendo de modo más o menos sistemático a través de los medios de comunicación (sobre todo de ciertos programas televisivos), pero pretender hacerla extensiva al terreno de la educación entendemos que es algo intolerable.
No sólo los docentes, sino cualquier ciudadano de bien debe oponerse con todas sus fuerzas a esta canallada infame. Para los profesionales de la enseñanza la única salida digna es la desobediencia civil, aunque sea a costa de poner en riesgo la continuidad en nuestro puesto de trabajo. La conciencia debe estar en todo momento por encima de la ley, cuando se trate de una aberración tan flagrante como ésta.
Quiero hacer pública mi negativa tajante a ser partícipe de este disparate pedagógico, que viene a ser el sustituto actualizado de las clases de catecismo o de formación del espíritu nacional. Nada que objetar ante la inclusión de la asignatura de Iniciativa Empresarial en el currículum como materia optativa (como ha venido siendo hasta ahora), para que la elijan aquellos alumnos que consideren que el mundo empresarial es su vocación, pero en modo alguno estamos dispuestos a aceptar su imposición como tema transversal en todas las áreas. Thoreau dijo: «La vida que algunos consideran un éxito constituye tan sólo una posibilidad». Pues eso; no encumbremos lo que es una mera posibilidad a la categoría de valor absoluto. El alma es un bien demasiado precioso como para jugar con él en bolsa.