PANORAMA
Despecho
Es muy grave que países amigos y aliados se espíen. Y lo sería aún más si el espiado no lo supiera desde hace tiempo. Lo que está ocurriendo es que se han dado a conocer las prácticas de espionaje de Estados Unidos en todo el planeta, con especial atención a países europeos. Eso es lo que causa problemas, el fallo de seguridad dentro de un entramado tan delicado como es el servicio de espionaje norteamericano que tiene en sus agencias un foco de debilidad aunque tras los atentados del 11-S se procuró zanjar la falta de coordinación.
En los últimos años hemos asistido a las revelaciones de Wikileaks gracias a las filtraciones del soldado Bradley Manning y a las de Edward Snowden, el ex consultor de la Agencia de Seguridad Nacional. Hemos conocido lo que se sospechaba y lo que Hollywood se ha empeñado en alimentar durante años. Y ese es el problema, colocar en una situación muy comprometida, por no hablar de ridícula, a los distintos gobiernos que ahora claman al cielo y piden explicaciones a Obama. La confianza es esencial en las relaciones entre los distintos gobiernos, que a veces trascienden y otras no, a las vinculaciones entre las naciones y sus pueblos. Sobre todo, cuando a nivel político te juegas quedar desacreditado y en manos de tu Gran Hermano, con tu orgullo y dignidad en entredicho. Es cierto que este tipo de actuaciones son inaceptables para cualquier dirigente elegido democráticamente. Pero se está elevando mucho el tono frente a Washington en una estrategia pactada porque la realidad es que los gobiernos que tantas explicaciones exigen a los norteamericanos son los que piden información constante a sus servicios de inteligencia. Son las paradojas de la hipocresía de la vida, combinar lo políticamente correcto con lo necesario para la seguridad de todos.