HOJAS DE CHOPO
Retratos para la memoria
El círculo cíclico anual ha reservado dos fechas fundamentales contra la soberbia: el Miércoles de Ceniza, con el lapidario «pulvis es et in pulverem reverteris», y la de ayer, Día de Todos los Santos. La desacralización progresiva a la que asistimos, con la pérdida de influencia del ciclo litúrgico, ha metido en saco roto la primera fecha. La segunda se ha convertido en punto de encuentro, en una cita socialmente bien publicitada, en el cementerio y sus aledaños. La transformación de las actitudes y los sentimientos como consecuencia es una realidad sociológica para el análisis.
En este contexto, sin que servidor se lamente o deje de hacerlo, la teoría del poder y sus desmanes ha subido, hablando metafóricamente, a los altares. Su ejercicio ha agrupado a no pocos de los ejercientes en una nueva casta, que ellos mismos se han encargado de magnificar y sacralizar. El temor popular de que ocurriera, porque se veía venir, se ha convertido en el gran riesgo, en un verdadero problema que las encuestas no dejan de señalar, ya que se minusvaloran progresivamente ideas y sensibilidad para su propio mantenimiento en la vacuidad del rito y sus ornamentos.
Nada tiene de extraño, por ejemplo, ese deseo devorador de perpetuarse en la memoria colectiva mediante retratos, cuadros, bustos, esculturas y otras sutilezas de narcisismo primario y enfermizo. Lo que no saben los actores es qué crónica escribirían los ciudadanos, hartos de contemplar en vida algunos rostros que, además de su (in)eficacia, han costado al erario público hasta 150.000 euros en casos de extrema megalomanía. Sería curioso, por no decir indignante, saber cuánta pastísima se gasta en estos menesteres, cuando no pocos de los retratados para la memoria, no se sabe bien con qué resultados, han recomendado con insistencia la necesidad de apretarse el cinturón (ajeno). Además, también, de medallas, botafumeiros, placas y reconocimientos promovidos por los reconocidos y sus afluentes de dependencias, aspiraciones y gratitudes múltiples.
En esta situación de desconcierto e impotencia, un ex presidente del Gobierno crea una fundación que lleva su nombre y que pretende el estudio de su trayectoria personal, política e institucional. A uno le da la sensación de presenciar un proceso de santificación laica o la construcción de un monumento a la egolatría. Que hagan lo que les salga de ahí, eso sí, sin dinero público, no sea que cunda el ejemplo y piensen en una nueva oficina de colocación. ¿A quién extraña la orfandad social en que se encuentra el pueblo, sin líderes que atraigan por las ideas y su fortaleza? ¿De qué memoria hablamos? Mientras, los de abajo discutimos si sí o si no, a favor o en contra, en esa cruzada inútil de lo que se ha dado en llamar «la guerra de los pobres». Y así nos va.