EL RINCÓN
Adiós, adiós
Que un cónclave partidario al que asisten tres mil personas esté más pendiente del discurso de apertura de Susana Díaz, al fin y al cabo una recién llegada a los máximos titulares, que del discurso de clausura, este domingo, del veterano Alfredo Pérez Rubalcaba, es ya todo un síntoma. Como lo es que el refundador, el hombre que fabricó un nuevo PSOE en Suresnes, treinta y siete años ya, Felipe González, diga, sin pelos en la lengua, que a Rubalcaba le falta liderazgo. Y, para colmo, una nueva encuesta del CIS le suelta a la cara, la víspera casi de esta cumbre socialista, que más del noventa por ciento del electorado confía «poco o nada» en él (claro que más del ochenta por ciento desconfía de Rajoy. Y de los demás, ni digamos). Con estos datos en la mano, y algunas conversaciones de pasillo con socialistas que vienen de muchas partes de España, me siento más bien dispuesto a entonar con cierta pena, porque a veces más vale malo conocido que bueno por conocer, el «adiós, Rubalcaba, adiós».
Es la hora de las apuestas. Y, si uno tuviera que apostar, apostaría que Rubalcaba no concurrirá a la reelección frente a quien sea (¿Rajoy? Ni siquiera de eso estoy seguro. Pero ahora no toca hablar de él) en la recta final hacia las elecciones de 2015. Lo que no entiendo es que no lo anuncie ya, aunque no descarto que el día menos pensado se descuelgue con una cauta declaración, hablando de la apertura de la campaña hacia las primarias y dando a entender que él no estará en esa carrera. Lo que ocurre es que Rubalcaba sigue siendo el mejor en su campo. Un talento político. Aplausos, pues, a Rubalcaba en la hora de la marcha, especialmente porque ha organizado esta Conferencia de la renovación ideológica y quién sabe si moral de la segunda formación nacional en España, la más histórica.
Pitidos porque ha cometido errores, internos y externos; el mayor, no estar organizando bien la sucesión. Lo que viene es una auténtica campaña electoral interna, en la que competirán seguramente desde Chacón hasta el alcalde de Toledo, Emiliano García Page. Pasando por los nombres clásicos, Patxi López, Eduardo Madina, quizá Juan Moscoso... Y no, Susana Díaz tiene que probar que es buena presidenta de Andalucía antes de tratar de serlo de España.