León

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La certeza de que a las juntas vecinales les van a dar matarile se desparramó por la realidad el día que a los leoneses no vino a asistirles Luis Aznar, que acostumbra a dar recetas didácticas sobre el apocalipsis que trae Rajoy. Así fundió la idea de que fuera a desaparecer la minería, a pesar de que se cierran ya más minas que casas; o encontró una explicación a lo del tren, y después de aquel sermón del senador tenemos claro que el AVE llegará (otra cosa será ver por dónde sale). El silencio con los concejos revela que la mortaja está encargada. A los pueblines de León los van a laminar; cuanto más explica González Antón de la ley que va a ejecutar la única forma de relación que se conoce aquí en diez siglos, más claro se ve el proceso de liquidación. A pesar de Antón, abogado brillante, combativo y valiente, como cuando se convirtió en el primer leonés que hizo temblar a los que sólo saben relacionarse como colonos con esta tierra, y lo mismo horadan la dignidad con cielos abiertos que se orinan en el sacrosanto ecosistema que alimenta el urogallo. Ahí estuvo Antón para poner en su sitio a los caciques de la montaña, frenar los vientos que trajeron los molinos, o demostrar ante el juez que el futuro no va en autopista a los pueblos. Y ahí está, en primera línea del frente, junto a la noble causa de los débiles. Se barrunta un triste final en el litigio porque no hay un solo político en León (si no es Tino Rodríguez, por el salvoconducto de la PAC) que le vaya el honor, la honra o el orgullo en las juntas vecinales. Y no se espera que Luis de Guindos acuda en auxilio del sistema y rectifique el 116 bis de la ley, igual que Arias Cañete blinda a los que cobran las ayudas agrarias sin ser agricultores. Cañete puede confundirse hasta el punto de convertir la cecina en castellana, pero hila fino en los negocios del lobby que representa; gran hito si dos ministros coetáneos coincidieran en acto de defensa de un leonés.

Otro dato para acertar con el desenlace del finiquito: el patrimonio de los pueblos de León basta para enjugar los excesos de los alcaldes, y alcaldesas, que vivieron y viven por encima de sus posibilidades. Alcaldes y alcaldesas que a partir del próximo mes van a ver cómo les solucionan los números rojos por el mismo procedimiento con el que los señores de la Junta le envolvieron media provincia a Don David en papel de regalo. De ese León no se sale nunca, como de la cocaína.

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