LA LIEBRE
El hueso
Los congresos de la UPL, marcados por el bullicio de sillas apiladas para disfrutar de las rencillas del patio de vecinos con la ropa tendida, han devenido en discusión de mesa camilla. Una especie de reunión de ex alumnos en la que hoy se ventilará la renovación de la ejecutiva leonesista a la que se encomienda la labor del ave Fénix cuando ya hasta han soplado las cenizas. Una formación embrutecida que heredó de sus raíces romanas la costumbre de acabar con el César: Otero acabó con Rodríguez de Francisco; Chamorro acabó con Otero; y ahora Chamorro, sin nadie en quien testar por la vía del puñal, prefiere el suicidio, al que le han conducido los peores resultados electorales de su historia, a la muerte por inanición dentro de la irrelevancia en la que ha sumido al partido. Afinado el jamón hasta el tuétano, a quien quiera un caldo ahí le queda el hueso.
El congreso llega más por la necesidad de generar noticia que por imperativo estatutario, pues la UPL siempre ha sido un partido con el escaparate más amplio que la trastienda y líderes con vocación de showman. Una central de generar eslóganes que creció en el histrionismo paternalista de Rodríguez de Francisco, a quien Morano enseñó el oficio y le abrió la puerta para que fuera a buscar mundo sin salir de casa, y se nutrió de los granos de aquellos críos del Grupo Autonomista Leonés (GAL) que hoy peinan canas, como Alejandro Valderas o Luis Herrero Rubinat. Una pandilla divertida a la que se sumó Otero, en los descansos del programa Susurros y Pellizcos, y que empezó a frecuentar Chamorro sin haber aprobado todavía Derecho Romano, mientras crecía el electorado por sí solo y en el huerto aparecían concejalías para repartir dinero, favores para ser devueltos y horizontes en las Cortes autonómicas en los que medrar. Una dinámica autodestructiva que se llevó por delante el voto leonesista pese al castigo incesante de la Junta.
El yermo por el que pugnan Sendino, con su discurso en off y su antimagen carismática, y Callejo, lastrado por la ambición de Isidoro Díez. Los dos con los que la UPL se enfrenta al dilema abierto por la señal que se encuentran los leoneses cuando van a cruzar hacia Puente Castro. Un indicativo más allá del semáforo en ámbar que sólo ofrece dos direcciones: recto, a Valladolid; giro a la derecha, al cementerio. Las dos únicas salidas que le quedan a León.