Diario de León
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ALcÁNTARA
León

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El viento del invierno trae y lleva muchos papeles con fecha fija. Flotan en el aire, donde cabe todo lo que se ponga, pero ya no hay sitio para más. Si en España se encuadernaran todas las facturas impagadas podríamos enladrillar los muros de la patria nuestra, pero el dinero se ha convertido en un prófugo y los requerimientos son papel mojado por las lágrimas de quienes no pueden, de verdad, hacer frente a sus deudas y no tienen más remedio que darles de lado. Los únicos papeles que se están quietos son los de los albaranes que se ponen en los balcones y en las ventanas para indicar que el espacio se alquila y que tiene vistas a la puñetera calle. ¿Cómo no se agolpa la gente para comprar esos pisos habiendo tantos delicuentes a la interperie? Los más tenaces asesinos, incluso los más caprichosos, han quedado en libertad y no es justo que anden deambulando sin que nadie les ampare. Les queda el recurso de abrigarse con facturas, pero, no se sabe bien por qué prefieren la ropa tradicional.

Hasta Berlusconi ha sido expulsado durante seis años del Parlamento italiano y nuestro ex prohombre Díaz Ferrán, que sigue en el talego, se disculpa con sus acreedores diciendo que nadie le había dicho que tenía que pagar impuestos. La verdad es que los ricos siempre han delegado esas cosas en los pobres, que, además, ahora están de enhorabuena, ya que las pensiones mínimas de jubilación van a subir hasta dos euros al mes y las máximas hasta 6,30. Si no hiciera tanto frío habría manifestaciones de júbilo y los españoles, que en el fondo somos muy agradecidos, acudirían todos a vitorear a Rajoy, que nos confirma que estamos en el buen camino.

También el Banco de España asegura que la actividad va a más a pesar del revuelo de las facturas, que nos impiden ver el bosque de la felicidad.

Muchos banqueros están más contentos que casi nunca. También algunos nuevos ricos. No tendrían donde caerse muertos y han resultado ser unos vivales de mucho cuidado.

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