EL RINCÓN
A fecha fija
Ya sabemos cómo se escribe la Historia y cómo se borra, pero ahora desconocemos, además, los capítulos del libro. ¿Cómo va a terminar? La institucional consulta tiene, de momento, una ventaja: no va a celebrarse.
También presenta un inconveniente: hay un grupo de compatriotas que al no estar de acuerdo con su patria han buscado en los calendarios el día para empezar a hacerla añicos: será, si el tiempo no lo impide, el 9 de noviembre de 2014. ¡Cuán largo nos lo fían, aunque no nos fiemos de los convocantes! Aunque veinte años no sean nada, que dice el tango, dos son muchos para la tángana en la que estamos metidos. Tenemos que jugar una partida de ajedrez donde quieren excluir no sólo al Rey y a la Reina, sino a los caballos de batalla, que son los partidos y hasta a los más esbeltos alfiles.
Hay que estar atentos a la fecha del desguace y acordarse del día que no va a celebrarse nunca, según el presidente del Gobierno. Ya sabemos que se necesita una gran memoria para olvidarse de todo y especialmente para no tener nostalgia de las cosas que nunca han sucedido. ¿Qué puede hacerse cuando alguien no quiere vivir con nosotros, pero nosotros deseamos vivir con ella? Aquí empiezan los crímenes pasionales en algunos casos y así puede empezar este retardado caso clínico de Cataluña. «¡Qué bonita era, cuánto la quería! Qué pena que fuera como yo sabía», decía la copla.
Lo que no sabemos es lo que tenemos derecho a decir los españoles. En caso de amputación, además de consultar con los cirujanos, hay que oír al paciente. Estamos económicamente a la cuarta pregunta, pero el 9 de noviembre del año que viene, si es que viene, nos van a hacer dos, que se concretan en una: si queremos que Cataluña sea un Estado y si queremos que ese Estado sea independiente. Si hubiese una tercera, muchos contestaríamos que preferiríamos ser holandeses. Allí no está prohibido el suicidio, aunque sigue estándolo el asesinato.