FUEGO AMIGO
Cruce de cables
En la lonja de la chispa, que convoca mercadillo cada tres meses, los barbos se pagan a precio de merluza, porque quienes compran y venden trabajan para los mismos y su única encomienda es incrementar cada vez más la factura, cuyo engorde pagamos los pasmados. Esto viene siendo así desde 1997, cuando gobernaba Aznar con Piqué de ministro industrial. Luego vinieron otros, con nombres felizmente olvidados, como Costa, Montilla, Clos o aquel Miguel Sebastián que repartía bombillas de bajo consumo en las etapas ciclistas. Como todo puede empeorar, a Sebastián lo sucedió el canario Soria, viejo coleguilla suyo en el ministerio socialista de Solchaga, donde ambos compartían la asesoría del bárbaro e idiota desmantelamiento industrial. Aunque a ratos no lo parezca, son gente con pedigrí y perfectamente intercambiables. Danzantes del quítate tú para ponerme yo.
De hecho, la única explicación admisible para este disparate del precio de la luz, radica en los costosos manejos que se traen los chupacandiles. Porque esta gente ambulante, cuando sale del gobierno, se apunta al momio sectorial. Es el pícaro fenómeno que los observadores más complacientes han bautizado como puerta giratoria, que nunca da a la calle, sino que sitúa al regulador que deja de serlo como consejero de las entidades previamente favorecidas por sus manejos. Pasó con Felipe González y con Aznar, con Acebes y con Elena Salgado, con Solbes y con el damo de la Cospedal. Hasta ahora, el único que no ha pisado mierda es nuestro paisano Zapatero, y conviene que se sepa. Por dar una pista, la prensa económica sitúa en 400.000 euros el sueldo anual de Acebes en Iberdrola. Que son 66 millones de pesetas. Total, una bobada. Y no es de los más espabilados.
Con esas miras escondidas en su maletín, los reguladores predican durante su estancia en el ministerio que van a terminar con el desmadre de precios, cuyo desboque se asienta en el perturbador déficit de tarifa. Da igual. Ni la regulación eléctrica ni su factura domiciliaria usan un lenguaje comprensible por seres inteligentes. Son simples enredos de trajinantes. Por eso, este escándalo que agitó el día de San Nemesio, con el anuncio y renuncio de una subida desorbitada, sólo puede traer ya un beneficio, que es la deportación del ministro Soria, sin duda el más irritante de esa larga lista de atolondrados. Lo demás, la posible rebaja del incremento a su mitad, no deja de ser un engañabobos, aunque conociendo el percal quizá vaya a ser la salida que busquen los eléctricos con su mandril. Pasado el tiempo, resulta aún más irritante aquel ensalmo de la reforma energética, que sirvió para aplazar hasta la asfixia cualquier atención a nuestra minería. Era puro engaño. Un engaño canalla.