EN BLANCO
40 aniversario
El columnista es, ante todo, un fisgón especializado en meter el bisturí intelectual en asuntos tanto propios como ajenos. Y hoy, para iniciar este 2014 que se presenta cargado de interrogantes políticos y económicos, vuelvo la vista atrás, hacia aquel León sesentero y setentero en el que éramos tan inocentes y despreocupados. Nuestra identidad está conformada por la memoria de los recuerdos, referidos en este caso a la preciosa colección de estampas que se asocian con el período de aprendizaje —de desasnamiento, que dicen otros— llevado a cabo por toda una generación en el Colegio Leonés de la plaza de San Isidoro. Son múltiples las citas alusivas al Colegio Belinchón y luego Colegio Leonés que figuran en la hemeroteca de este periódico, un abanico de referencias que abarca desde el momento de su fundación hasta los tiempos actuales, cuando el centro educativo cuenta con varios colegios y una reputación lograda a base de décadas de buen hacer. Ahora en el 2014 se cumple el 40 aniversario de nuestra salida del Leonés, y con tan redondo motivo nos fuimos de cena conmemorativa.
Inevitablemente, entre chupitos y postres la moviola del recuerdo se puso en marcha. Acompañada por una melodía de afectos, salió a la luz toda una pasarela de sentimientos y nostalgias alusivas a aquella risueña época que navegaba viento del desarrollismo en popa. Unos años en los que Massiel lucía piernas en el festival de Eurovisión y olía a Nivea en verano y a castañas en invierno. Con voluntad de detalle se recordaron un montón de rapazadas, algún nombre propio y también aquellos cercanos colegios femeninos rebosantes de muchachas en flor. El pasado es un recóndito reino de maravillas que el paso del tiempo ha coloreado con amables tonos. Se pasó bien, en fin, pese a constatar que ya nunca seremos tan jóvenes y felices como entonces.