Diario de León
Luis Urdiales
León

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La primera y griega de nuestras vidas fue con las maniobras de libertad, ensayos de elección, cuando no se trataba de otra cosa que decidir si a Salinas o a la Escalerona, con resultados fenomenales para el cuerpo y el alma, mientras aligerábamos el secaño del verano leonés al aire del mar, de nuestro mar, y los vapores de la sidra. León corrió por esa y griega bullicioso como sangre joven que vertía torrentes de ánimo a las venas de una adolescencia que aventaba historias formidables antes de terminar, ya se sabe, traicionada. Aquella vida colectiva que recorrimos con el primer coche, la primera escapada, la alegoría que tal vez descubrimos desde la ventana del Alsa, tuvo un despertar agrio; agresivo, igual. El ímpetu que empleamos en decidir la vida cuando aún podíamos decidir se topó con la brusca realidad de las yes griegas con códigos de barras que llenaban el jardín una mañana. La existencia es un invierno, desde entonces, en una rima asonante infinita, con la y griega que tanto ansiábamos recorrer reflejada en la cadencia final de cada verso, de cada girón. Hay una y griega para cada cosa, y una cosa para cada y griega. Hasta el punto de que no sabe uno si está en la farmacia, en la cola del paro, en la lista de contribuyentes aplicados o a las puertas de aprobar una oposición de ésas que reservan un cupo para familiares directos del director general, el jefe de servicio, el concejal de barrio o el que financió con dinero de todos la última campaña. Esa y ya ha hecho méritos para ser nuestro avatar común, la y concatenada para describir lo que íbamos a ser y lo que nos dejaron ser, sin capacidad para decidir. Ahí está la y, en sus diversas formas, que definen los discursos del señor Fomento, que detiene el mundo mientras masculla la copulativa, un siglo entre el ellos y el nosotros, a modo de Panenka entre el balón, el punto de penalti y el portero vendido en un paréntesis; y luego está el señor twizy, que se empapiza con la y cada vez que nos nombra, con urgencia, a ver si pasa el trago pronto. La invasión de las íes, las griegas, claro, ha distorsionado la realidad hasta el punto de que hubo quien despertó al 2014 convencido de que los mismos que tienen intervenida la salud de nuestras vidas y el hospital de los altos de Nava la habían liado parda en un pasillo entre el Pacífico y el Caribe. Cada día nos amenaza una y griega en este pozo sin fondo. Adivinen para qué sirve la que cierra la palabra orsicyl.

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