Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

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Sobre todo, que no cunda el pánico. Ese parece ser el mensaje que Obama y los magnates del chip, reunidos de urgencia tras el primer golpe, tratan de transmitir a la ciudadanía usuaria de tecnologías informáticas. Después de tanta modernización y después de tanto internet en las escuelas rurales, en las facultades, en las bibliotecas públicas, se ha descubierto con horror que la virtualidad es frágil, que la aldea global pende de un hilo y que lo que MacLuhan no alcanzó a predecir lo puede convertir en realidad un afrentado joven filipino o el colador de Snowden: la globalización tiene marcha atrás. Nada es seguro. La información que le facilita ese poderoso instrumento que es su ordenador o su móvil puede ser objeto de infecciones, atentados, alifafes. ¿Quién nos dice que esa misma información no está contaminada y es veraz?

Internet, cuyo nacimiento tuvo lugar en las catacumbas del más alto secreto militar, hace tiempo que comenzó a hacer honor a su prosapia. Como arma o escenario de batalla entre estados, corporaciones y mercados, pero también ideológica. No se trata ya de las ventanitas que saltan sobre su pantalla ofreciéndole el premio del visitante «un millón» o se asoman a su correo con el mensaje amoroso de una natasha rusa ligera de ropa y principios ortográficos, ni de propaganda subliminal o anuncios emergentes que mágicamente le ofrecen los productos en los que ha estado interesado últimamente (en mi caso la novela Almirante en Tierra Firme de nuestro paisano José Vicente Pascual), sino de espionaje y vulneración de los datos personales a la más alta escala, desde el mismo gobierno norteamericano. Cuando ya circulan más datos que voz por las líneas telefónicas, nos topamos con un escenario nuevo. Sabíamos que por las aguas cibernéticas que alegremente navegamos hay piratas y que es imprescindible nadar y guardar la popa, pero no que el medio estaba contaminado.

¿Está la red sin red? Que se lo pregunten los prebostes de Google o de Yahoo en la reunión con Obama confieso que a mí me inquieta. Aunque no tanto como que no se lo hayan preguntado antes. A ver si ocupados como estaban en hacer crecer su negocio y crear empleo, lo confiaron todo a la autorregulación del mercado o a la bondad del dios al que se invoca en el dólar.

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