LEÓN EN VERSO
Iteuves
En los mil primeros acontecimientos que se pueden revisar como actualidad a la muda de año no aparece ninguno que invite a creer en un cambio positivo de tendencia para esta sociedad que vivimos cercana, elegida o impuesta. Nada, más allá del ajuste en las tasas de la iteuve, según delata la lista de precios que anuncia el papel oficial para ya; veinte euros menos de lo que cobraban a lo que piensan clavar por algún modelo tipo es algo para celebrar, a la vez que nos acerca a la media impositiva que sufre el resto del país. Cosa seria porque el proceso de detección del colesterol del coche es lo más parecido a polo industrial que existe por la zona. El resto del amanecer son ruinas. Allá un tren en monorraíl, involución inesperada del principal vector de desarrollo que se nos anuncia gobierno tras gobierno, y que para ser ave, ave ha soltado pluma a pluma todo el envoltorio que le reportaba su presentación majestuosa hasta convertirse en una subespecie, otro declinar de pájaro, el abeconejo, que ya nos ha clavado en la espalda el aguijón de inocentes; parece que nunca pasa el 28 de diciembre. No faltan en el despertar remiendos en plena calle que se creían caducos, y de aquella época que el ayuntamiento era una extensión del palacio del Elíseo y se cargaban pagarés a largo plazo que ahora salen a flote en la cuenta corriente del ICO. Alguna de esas efemérides están a punto de conmemoración, tan de moda como el periodismo de cabo de año, resuelto y efectivo para el revisionismo y para llenar tiempos y espacios. Si el recuento de gestión se ofrece raquítico, la inclinación social al estreno de ejercicio termina por confirmar que León se adjudica definitivamente el sambenito de territorio sumiso para siempre. No hace falta mirar a la contigua Castilla para lamentar los porqués de la venia como respuesta ante los yugos. Mira que han sobrado boulevares en calles de cuatro carriles, subterráneos sobre tierra, y baldosas de quita y pon. Y estados de excepción. A ver de qué forma llamamos si no a que cincuentamil personas no tengan empleo, y menos pan, y menos ocasiones, e hijos sin oportunidades de ser nadie en la vida. Tal como viene enero, que es largo y riguroso, casi es mejor desear que todo mundo cumpla sus perspectivas; es histórico que las personas realizadas no suelen hostigar. Así solucionaríamos la mitad de los problemas de aquí, que son parte del cainismo. Lo del Gobierno ya es otro cantar.