Diario de León
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juan carlos franco
León

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Dicen desde Europa que lo peor ya pasó. Que en España ya estamos vacunados contra eso de la crisis. Incluso se atreven a aventurar que en cuatro o cinco años España será «el puntal económico de Europa» —así lo reconocía ayer el jefe del Mecanismo Europeo de Estabilidad—. Y todo gracias a unas reformas iniciadas y que, a vuelta de elecciones, nos animarán a profundizar en ellas.

No es por desdecir al tal Regling, pero una persona que preside el organismo responsable de la estabilidad financiera, con la que ha caído en los últimos años en este sector y los goles que le ha colado la banca en este tiempo sin que el Mede hubiera sido capaz de barruntarlo, con estos precedentes no creo que sus vaticinios se puedan tomar muy en serio.

Pero, y aunque así fuera, lo que prefiere obviar este alemán mouriñista, para el que también el resultado final lo justifica todo, es el precio que habremos pagado por ser ese «puntal económico».

Hace tiempo ya que esa utopía que creímos Europa nos está saliendo demasiado cara. Hace tiempo ya que seguir enganchados, aunque seamos el furgón de cola, a ese tren, nos tiene con la lengua fuera. Hace tiempo ya que sus imposiciones están causando la desesperación de nuestras gentes.

Una desesperación que alimenta reacciones injustificables, como el asalto a las oficinas de Uminsa. Un hecho repudiable pero que no debe hacer que nos quedemos con lo puntual, sino que debe llevarnos a rascar un poco en la superficie para descubrir la realidad de unos ‘renglones torcidos’ de este tipo de políticas. La amenaza de una fractura social cada vez más latente, donde mucha gente, ya sin nada que perder, decida coger lo que, creen que injustamente la sociedad les ha arrebatado.

Ese es el peligro que no advierten en esos organismos encorsetados en cifras y balances. Es por eso que no se arrugan al decir, acostumbrados como están al climatizador, que el frío ya pasó.

Es de suponer que de aquí a las próximas elecciones europeas se sucederán los mensajes de esta índole. Manifestaciones edulcoradas para que nos creamos queridos, pues no es cuestión de asustar más a un electorado desanimado y encabronado. Será cuestión de cada uno creérselo o no. Lo que no admite dudas es que en el Bierzo, este invierno, ‘fai un frío do carallo’.

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