Diario de León

TRIBUNA

Las falaces fanfarrias del canje

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Desde que comenzaron las hostilidades entre las plataformas de abogados y la «Liga» (FROB, Ceiss y Unicaja) sobre la resolución del problema de las participaciones preferentes y deudas subordinadas, no salimos de zarandeos, sobresaltos y desmentidos. Últimamente se corrió la noticia, luego negada, de que había un acuerdo de convocatoria entre las partes para acercar posiciones y así resolver este conflicto de una vez por todas. El historial del problema se circunscribe a dos aplazamientos para que los afectados acepten al canje de su dinero convertido por ahora en bonos basura. Primero se estableció la fecha tope del 20 de diciembre. Con la disculpa de la inminencia de las fechas navideñas, más propicias a la fiesta y reunión familiar que a la toma de graves decisiones (aunque la causa verdadera era la poca o nula concurrencia de los afectados al canje propuesto por la Liga), se aplazó al 10 de enero. Como tampoco se ha tenido éxito en el nuevo aplazamiento, la Liga prolongó diez días más, que es la momentánea o definitiva fecha.

¿Cuál es la última oferta de la Liga? Puestos a generalizar, consiste en recuperar aproximadamente dentro de un par de meses y en el mejor de los casos, una cantidad bruta en efectivo de entre el 50 y 60% del ahorro invertido. ¿Y el resto? Se seguirá con los bonos, un 50% de los mismos convertibles en acciones de Unicaja dentro de un par de años a una cotización absolutamente incierta; mientras que el otro 50% continuará estando en bonos perpetuos, esto es, sin liquidez inmediata. La Liga pensó que con esta última oferta, los afectados aún indecisos y ante la amenaza de quedarse a dos velas, acudirían con corderitos desfilando alegremente al son de sus fanfarrias. No ha sido así. Y eso que la medida ha estado acompañada de una nueva estrategia: el cambio de actitud de los empleados de Ceiss, actuando no ya según la orden superior de informar discretamente sino de presionar fuertemente a los clientes afectados. ¿Cómo? Haciéndoles ver que se trata de una oferta más tentadora por sus ventajas en tiempo y en dinero que la que se alcance por la vía de la demanda judicial, sólo pasto para festín de leguleyos interesados. La Liga cuenta para ello con la estimable ayuda del señor Gallardón, que ha metido en el mismo saco el pago de tasas judiciales como disuasión a estúpidas querellas por quítame allá estas pajas de la paranoia del litigante, a las demandas de unos ahorradores estafados que han de acudir a la opción de los tribunales de justicia para recuperar sus ahorros. Aunque los comprendo, el comportamiento de los empleados de Ceiss me parece tristísimo. Antaño fueron presionados a colocar un producto que, como un medicamento fallido por su toxicidad, tuvo que ser retirado del mercado; hogaño asumiendo el papel de instrumentistas de las fanfarrias del canje. Cada vez soporto menos esta música ratonera de convencer con nuevo engaño a lo que se ven obligados estos subordinados para salvaguardar su puesto de trabajo, tratando de incidir paternalmente en el ánimo del cliente sobre lo que más le conviene en esta contienda feroz. Muchas gracias, no se molesten, sabemos equivocarnos solos.

Ante este estado de cosas, cualquier mente mínimamente lúcida se pregunta: ¿cómo puede ser tentador un canje en el que no existe ninguna garantía de recuperación de un 50% aproximado del ahorro invertido? Si se está en disposición de hacer efectivo en fecha cercana el otro 50%, ¿por qué motivo, si tanto se piensa en la salud económica y física del afectado —lo cual es absolutamente conmovedor—, no se convierte ese 50% hipotético, lleno de incertidumbre, en un plazo fijo a, por ejemplo, cuatro años con interés creciente del 1%, 1,25%, 1,50%, 1,75%?, respectivamente, por poner una solución que sería fácilmente aceptable. En la gran mayoría de los casos habría garantía, puesto que esta conversión de los bonos en dinero con vencimiento aplazado podría acogerse a la garantía que ofrece el Estado para los depósitos no superiores a los 100.000 euros por titular. Si la disculpa es que no hay dinero para ello, ¿por qué en vez de presionar al cliente para que sacrifique una parte importante de sus ahorros obtenidos con mucho esfuerzo, sudor y renuncias, no se presiona al gobierno de la nación para que haga otro tanto de lo que hizo con Bankia? Con menos de la mitad de la inyección monetaria que destinó a esa entidad, se resolvería con creces el conflicto de Ceiss. Por otra parte, si los públicos dineros salvadores no fuesen destinados a las entidades financieras más propicias a comprar deuda pública que a facilitar créditos, y sí, en cambio, a devolver los ahorros a los afectados, habría una repercusión más inmediata y positiva en la microeconmía, al aumentar el consumo y, por tanto, con repercusión en el empleo.

En este tira y afloja, la Liga lo tiene difícil. Los afectados siguen valientemente atrincherados en sus posiciones inamovibles de recuperar el cien por cien de los ahorros, pese a las falaces fanfarrias con que se pretende aturdirles. Y las sentencias les están siendo mayoritariamente favorables. Lo que puede suponer, por el pago de las costas, una sangría mayor para Ceiss que lo que tendría que aportar por la contraoferta de las plataformas.

La Liga tampoco puede olvidar que muchos de los afectados tienen todavía un as en la manga que poner sobre la mesa negociadora en esta partida inconclusa. Puestos a morir con las botas puestas, hay un considerable número de domiciliaciones de nóminas, recibos y otras cuentas aún suscritas con Caja España o Caja Duero que mediante una simple orden pueden ser transferidas a otras entidades financieras. De modo que no se puede ir galleando por la vida. El pueblo llano ha recibido muchos palos y ha aprendido la lección para esquivarlos en: «la unión hace la fuerza», aunque debilite si es sólo cosa de dos. O, lo que es lo mismo: «Estafados desunidos, a la postre, arrepentidos». Admito que, por lo dicho, se me acuse de demagogo. Pero a quien lo haga le digo: la demagogia es como el colesterol, la hay mala, pero también buena.

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