LA GAVETA
Aquiana
Carlos Fidalgo ha recordado muy oportunamente en este diario que la revista ponferradina Aquiana fue fundada hace justo medio siglo. Años después de su nacimiento, siendo yo un muchacho, acudí a la sede y me ofrecí para escribir una serie de entrevistas comarcales. Fueron catorce y aparecieron entre octubre de 1972 y marzo de 1974. Evocarlas ahora es evocar un mundo ingenuo y entusiasta. La primera fue con el poeta y profesor de literatura José Antonio Carro Celada, al que admiré y quise. Denunciaba Carro que en Ponferrada había «una pereza intelectual y una inconstancia en favor de la cultura verdaderamente alarmantes».
Nilo Gallego de Elera, técnico agrónomo, dibujó un panorama muy sombrío de la situación del campo berciano a causa del minifundismo y del bajísimo nivel cultural. Gonzalo Valle Cavero, docente, me habló de un sueño que acabaría en realidad: que Ponferrada tuviera estudios universitarios. Alfonso Villalba, economista, ya anunciaba la imprescindible reestructuración de la minería y pedía «una inyección industrial importante» para el Bierzo.
Ángel Ruiz, pintor que moriría tan prematuramente, me dijo que su vida era «una constante búsqueda, de sí mismo y de los demás» a través del arte. Francisco Mayo, médico y concejal progresista en un tiempo sombrío, me habló en su casa de Flores del Sil de la paulatina toma de conciencia cívica de aquel barrio, entonces muy marginado. Francisco Beltrán, sociólogo y párroco de San Antonio, consideraba al capitalismo como esencialmente ateo y afirmó que las Bienaventuranzas son el verdadero corazón del cristianismo.
Miguel Rubio, licenciado en Políticas, se lamentaba de la situación de muchos jóvenes bercianos, sin futuro, sin formación y sin ayuda. El gran artista fotógrafo Amalio Fernández me emocionó en una tarde de invierno, luz y memoria en su casa de la zona alta de la ciudad. Me contó que su mayor ilusión era salir cada domingo con su cámara. Perderse entre la naturaleza.
El profesor y dibujante Paco González me dijo que de lo gallego, lo leonés y lo asturiano surge como fusión lo berciano. Diferente y a la vez parecido a las tres miradas. El también profesor Aniceto Núñez incidió en mejoras educativas y en su gran interés por la poesía. Con don Adelino Yebra, dueño de un extravagante museo en Villar de los Barrios, pasé una jornada entera escuchándole fascinado. Todo cuanto me dijo era mezcla de ficción y verdad. Como un cuento.
Por último, y firmando yo como un misterioso Alvaro R. entrevisté a mi madre, Milagros López Gavela, cuando ella andaba exponiendo sus óleos por las ciudades de Poniente. Elijo una frase suya que la define muy bien: «Las casas, por muy bellas que sean, siempre tienen para mí una apariencia de jaulas».
Y ahora siento una mezcla de añoranza y de actualísima alegría. El recuerdo de un periodismo juvenil, e inocente. Pero la inocencia es el camino. Para vivir y para escribir.