CORNADA DE LOBO
Viene una ola
Tienes que contar las olas, me dijeron, y cuando llegue la novena, agárrate, cágate de miedo y cuerpo a tierra, que hoy la mar está borde y respondona.
Era ya mozo, corría el verano de 1968 y estábamos pescando percebes en los roquedos criminales de Lastres, en bajamar, claro está, justo en ese límite impreciso donde rompe la marea, en lo más bajo, que es donde se esconden las mejores piñas perceberas.
Hasta entonces no sabía yo que las olas vienen de nueve en nueve, esto es, ocho normales y una gorda, ocho que no embaten y una que podría desollarte contra el roquedo del acantilado. Así aquel día. Cuentas una, dos tres, cuatro... y resguárdate o agáchate aferrándote a la roca como una lapa, hala, y otra vez de pie, a contar de nuevo, mientras te apresuras en ese lapso a segar con un escoplo todo lo que puedes.
Y de poco valía que el compañero de la orilla te gritara ¡viene la ola!, porque el fragor del rompiente no te deja escuchar nada, así que una de las gordas me sorprendió con tal empellón, que me lanzó contra una roca tupida de mejillones como cuchillas que me dejaron una espalda de eccehomo, así que aquellos percebes me supieron al vinagre con agua y mirra que dan a los crucificados para aliviarles la agonía.
Recordé todo esto porque a Rafa Nadal le vino ayer una ola suiza que parecía un alud alpino, un Wabrinka que le arrolló al principio de tal modo, que el español se fue contra la escollera quejándose de la espalda como si se le hubiera clavado un mejillón entero en el quinto espacio intercostal. Y lloró... más de rabia que del dolor cierto de la lesión, de la que se rehizo con tal pundonor deportivo y furia, que le llevó a remontar, aunque a morir en la orilla... ¡grande Rafa!... y la ola.
Ahora bien, la ola de frío que se anuncia para próximos días en León ¿es tal ola?, ¿es una de las ocho o la novena?... ¿a qué tanto alarmismo meteorológico últimamente?, ¿es por dar alertas, dietas y gastar sal?... que nieve hasta treinta centímetros en esta época sería lo normal, ola baja... pues hale, ¡alerta 2!... a lo peor es que, como con Franco, hay que hablar del tiempo... de lo demás no se puede, no conviene o deprime.