PANORAMA
Espalda de Nadal
Nuestro gran deportista y nuestros pésimos políticos tienen un punto en común: no hay decadencia que cien años dure. Todo se acaba aunque haya crepúsculos cuya «vehemencia naranja» aparezca interminable si están contemplados por dos personas que eventualmente se quieren, o sea, que se querían para siempre. Nada es eterno, ni siquiera Aristóteles y las cosas, pero nada dura menos que las promesas de Rajoy, que caducan antes de cumplir años. El Estado va a recaudar lo mismo tras la sonora reforma fiscal, pero necesitaba alforjas para el inútil viaje. Le era imprescindible seguir desvalijándonos. Ahora se propone recaudar lo mismo tras la divulgada reforma, como si esta fantasmagórica reforma no hubiese existido nunca, a pesar de estar protegida por sábana y cadenas.
¿Por qué la espalda de Nadal, que es un egregio deportista, ya que se ha salido de la grey de los pamplinas que se divierten jugando muy mal al tenis en sus ratos libres, que son casi todos, es un símbolo? Que nadie se preocupe hasta que suene la explosión. El Estado va a recaudar la misma cantidad tras la llamada reforma social, lo que demuestra que es irreformable. ¡Qué estafa! No podrá librarse nadie. Aumentará el precio de las copas de vino tinto y de los trayectos de los autobuses que nos conducen a las tabernas más adictas. El maldito IVA es una ratonera, pero nosotros no somos unos ratones y estamos hartos de que nos la den con queso. Ya está bien de abusar de los indefensos y apaciguarlos con declaraciones. ¡Cuidado con los que lo aguantan todo! Llegará un día en el que no aguanten más.