Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Torre, modelo de convivencia

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El próximo dos de febrero se celebrará una nueva edición de la fiesta de Las Candelas en Torre del Bierzo. Tradición recuperada por un pueblo que pese a las dificultades que está pasando el carbón no se resigna a perder su forma de vivir y entender la convivencia.

Torre es un pueblo con cimientos capitalinos. En pocas partes se puede encontrar un número de personas que con su cultura y saber contribuyeran a hacer una microsociedad en la que se pueden encontrar vecinos con un elevado nivel cultural e inquietudes por el conocimiento.

De Torre se conoce obviamente que se trata de uno de los epicentros de la producción del carbón. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión en los momentos de mayor tensión de la actual crisis del carbón. Hoy quisiera darles a conocer una perspectiva distinta de este enclave en el Bierzo Alto.

Si bien es conocida el alma minera de Torre, quizás no sean tan conocidos aspectos tan importantes como el modelo de convivencia que en su día representó. A mediados de la década de los 70 del siglo pasado comenzaron a llegar al pueblo emigrantes procedentes principalmente de Portugal y sus colonias.

Portugal recién salido de una guerra colonial, sufría una grave crisis económica consecuencia de la pérdida de sus últimas colonias de ultramar (Angola y Mozambique) lo que provocó una fuerte emigración tanto de sus nacionales como de los habitantes de las colonias.

La mina necesitaba mano de obra joven y fuerte y este sentido tanto portugueses como caboverdianos, angoleños y mozambiqueños cumplían de sobra con los requisitos. Recuerdo de niño ver el primer joven de color, Juan para más señas. Persona alegre, se le diferenciaba bien porque no había otro de su raza. Trabajaba duramente en la mina y se divertía como todos los jóvenes del pueblo. Ningún problema.

Luego vinieron más portugueses y jóvenes de color. Trabajaron, formaron sus familias y colaboraron como todos al desarrollo del pueblo. No existía la tontería esta que les ha dado a algunos por reeditar el racismo que tantas desgracias ha traído a nuestro mundo.

En un estudio sobre la inmigración en el Bierzo pude comprobar como Torre fue uno de los principales destinos de portugueses y gentes de sus colonias. Creo que en gran parte fue debido a la normal convivencia e integración absoluta por parte de nuestros nuevos vecinos.

Integración que se debió además de la propia valía y voluntad de los inmigrantes, a la amplitud de mente y valores de aquellas personas venidas de todas partes de España a vivir y trabajar en nuestro pueblo. Comencé este artículo hablando del gran nivel cultural de muchos vecinos de Torre y es que procedían de Madrid y otras ciudades de nuestro territorio nacional donde habían alcanzado altos cargos de responsabilidad en empresas y administración. El ferrocarril representó un hilo conductor de primer orden como elemento de modernidad y de desarrollo económico del pueblo.

Otro elemento clave que permitió una sociedad plural y abierta fue la mina. La mina es un factor que hace tabla rasa de las diferencias de raza, religión o cualquier otro matiz que se nos quiera ocurrir. Los peligros y sufrimientos que provoca no atienden a distinciones. Son muchos los mineros muertos, los que han dejado viudas e hijos, madres desconsoladas. No importa que seas ayudante, barrenista o vigilante, si la mina te atrapa no hay salida.

A diferencia de Sudáfrica, en Torre las vagonetas para bajar al corte eran una mini-representación de la ONU. En un pequeño, podemos definir como carricoche, que es definitiva lo que más se asemeja a una vagoneta, te podías encontrar un español, un portugués, un caboverdiano y un paquistaní. Con diferentes colores de piel, diferentes culturas, diferentes religiones o sin religión, pero todos sentados hombro con hombro descendiendo hacia una boca negra que los engullía. Todos conscientes de los riesgos, todos uno porque en la mina todos dependen de todos.

El minero es solidario y generoso por necesidad y por vocación, porque de ello depende su seguridad. Nunca importó la raza ni nacionalidad del compañero accidentado. Allí estaban sus compañeros, como han demostrado siempre, para intentar salvarlo aún a riesgo de sus propias vidas. Por si alguien tuviera dudas de esto que cuento, no tiene nada más que acercarse a la boca de una mina y ver que todos salen del mismo color; negros. Negros como nuestra antracita, pero llenos del calor humano que este carbón genera. Por cierto, es bien sabido que no hay calor mejor que el de la antracita berciana.

Puedo afirmar solventemente que Torre es una referencia de humanidad y de los valores de solidaridad, igualdad y justicia. Quien quiera estudiar un modelo de justicia social y convivencia que no se vaya muy lejos, que no busque en las bibliotecas, simplemente que vaya a este pequeño-gran pueblo y pregunte a alguno de los que llevan sobre sí las marcas de la mina. ¿Qué marcas son? es fácil identificarlas, por ejemplo, unas cicatrices que tienen un tono azulado fruto de algún corte de piedras procedentes de derrumbes. Además, lo primero que hará será estrecharte la mano, eso sí, fuertemente porque no son flojos, son mineros.

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