Diario de León
Publicado por
maría j. muñiz
León

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Mira que se está haciendo largo este invierno! La sucesión de temporales, con sus vendavales y ciclogénesis, tormentas más o menos perfectas, nevadas y aguaceros. Un soplo gigante al que le sigue otro soplo, y así sin parar, y sin saber por dónde va a venir el próximo soplido.

Algo parecido vive desde hace varios inviernos ya la minería del carbón. Se le acumulan las ciclogénesis, intentan tumbarla ventiscas llegadas de distintas latitudes, cuando aún está empapada por el aguacero le cae una granizada,... Así, sin respiro, cuesta incluso intentar salvar los muebles.

Al cúmulo de dificultades, traspiés y zancadillas que acumula en su quehacer se suma periódicamente algún capítulo que no añade precisamente popularidad a las empresas del carbón. El sector se queja amargamente de lo que considera campañas para perjudicar su imagen, aunque en general se lamenta por lo bajo, y donde nadie les oye. Hay mucho temor a represalias y el silencio es una ley que se impone. Así se defienden mal los propios intereses.

La investigación que lleva a cabo el Juzgado Número 5 de Ponferrada sobre el cobro de las ayudas a la producción siembra de nuevo la duda sobre la actividad de las empresas. Habrá que esperar resultados.

Lo que sí es cierto es que a menudo, no sólo en el caso de las mineras sino en los asuntos judiciales en general, la criminalización suele imponerse en la opinión pública sobre la presunción de inocencia. Cada vez parece más necesario demostrar la inocencia, que no la culpabilidad. A veces la solución llega tarde, cuando el daño ya está hecho.

Algo así ocurre de forma constante en todo lo que tiene que ver con el carbón. Un sector cuyas empresas engrasan su funcionamiento con créditos bancarios, y ya se sabe que el dinero es muy miedoso. De esa financiación dependen también las nóminas de los trabajadores, y de ellas la vida entera de las cuencas. Y a unos y otras no les hacen falta tampoco más quebraderos de cabeza ni de cartera.

Aunque se utilizan todos los mecanismos para desactivar su fuerza, en las comarcas mineras se está formando una ola que, como las que en las últimas semanas azotan a diario las costas, no se sabrá qué fuerza tiene ni hasta dónde puede llegar hasta que no rompa. Y para entonces será difícil poner remedio o intentar contenerla.

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