Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Se sospecha que muchos premios y distinciones se conceden a mayor gloria de sus convocantes, que se benefician del prestigio del galardonado para mejorar su propia imagen. Algo así está sucediendo es estos últimos años con la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León, cuya concesión y entrega está salvando la conmemoración del aniversario del Estatuto de Autonomía, una efeméride que en las actuales circunstancias carecería por sí misma de contenido. Si el año pasado fue Vicente del Bosque quien dio lustre a la celebración, este 25 de febrero son Las Edades del Hombre las que dan prestancia al evento.

Dejando al margen las dificultades que rodearon su gestación, la Comunidad de Castilla y León, sus instituciones y el Estatuto de Autonomía viven hoy su peor momento desde entonces. Y el hecho de que sea el conjunto del Estado de las Autonomías el que esté en cuadro no debe servirnos de consuelo. Para las comunidades más sólidas y estructuradas, la crisis, por profunda que sea, tiene carácter coyuntural. Antes o después, con mucho esfuerzo y tras vacunarse contra los excesos del pasado, saldrán adelante. Para otras, deficitarias en todo, faltas no sólo de recursos financieros, sino también de identidad y proyecto colectivo, la crisis tiene carácter estructural. Esa es la diferencia.

En sus primeros 25 años de existencia, la Comunidad de Castilla y León registró un espectacular crecimiento competencial y presupuestario, que, en buena parte gracias al maná de los fondos europeos, disparó la renta per capita, nos dotó de infraestructuras y modernizó nuestro tejido productivo. Pero ese proceso, que generó un aparato administrativo integrado por más de 80.000 empleados públicos, no se tradujo nunca en la deseable consolidación política y en la necesaria cohesión territorial.

La llegada de la crisis no tardó en dejar al desnudo dichas carencias. El ejemplo de las cajas de ahorro no puede ser más expresivo. El «músculo financiero» que se pretendía se fue al garete por la falta de «músculo político» para sacarlo adelante. Y el resultado fue el proceso de liquidación y almoneda que va a culminar con la absorción del banco Ceiss por la andaluza Unicaja.

En estos últimos años el hecho provincial ha ido recuperando terreno frente a un proyecto de Comunidad cada vez más desvanecido. La reforma del Estatuto aprobada hace seis años ha quedado en agua de borrajas y la vertebración territorial sigue siendo la eterna asignatura pendiente. Hace tiempo que el desapego ciudadano ha dejado de ser algo exclusivo de León. Y para colmo, todo indica que en Castilla y León la crisis presenta efectos retardados y que saldremos de ella más tarde que otras comunidades. En vista de lo cual, no parece que este 25 de febrero tengamos mucho que celebrar.

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