Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Lamentablemente, querido tocayo cacabelense, no va a ser esta la ocasión en la que comencemos a ver el vaso medio lleno. Así que coméntale a la parienta, que esto va de matones de patio de colegio y de cierto ministro que no sólo no está a la altura de su cargo, sino que hasta su categoría humana está puesta, con toda la razón del mundo, en entredicho.

A esta última ya se cansó de apelar el alcalde de Toreno para que reconsiderase la irracionalidad de excluir del reparto de migajas, si se tiene en cuenta lo que suele distribuir habitualmente el citado ministerio, un proyecto que había sido amamantado por fondos de reactivación que otorgara en su día esa misma institución. Pero como quien clama en el desierto, todo fue en vano.

Por eso ya estamos vacunados ante cualquier noticia que tenga al señor Soria y al Bierzo como protagonistas. No nos sorprende pues, y no precisamente porque nos encontremos en tiempo de entroidos, su traje de liquidador. Nunca le tembló el pulso, incluso desoyendo a sus propios compañeros de andanzas políticas, a la hora de meter el serrucho. Lo hemos sufrido, probablemente con argumentos económicos, en el Parador de Villafranca. Lo padecemos, seguramente igual que lo estaríamos haciendo con los que antes ocuparon su puesto, en nuestra moribunda minería, e incluso no nos revelamos cuando metió el primer hachazo al proyecto de la Ciudad de la Energía.

Sus ansias por redimensionarlo todo ya no sorprenden por estas tierras. Lo que sí lo hace es la saña con que se aplica en el tema. Y así, no duda en exigir la paralización de unas obras para las que ya está el dinero depositado en la caja de la Ciuden. Esta conducta se asemeja más a la de un matón de patio de colegio que al de un cargo público que debe velar por el futuro de los territorios, aunque estos y sus gentes no sean de su agrado. Un matón que ansia el bocadillo del débil, no porque tenga hambre si no porque busca su humillación pública, y si puede, su exterminio.

No seré yo quien defienda al ya ex director de la Fundación, pues prácticamente nuestros caminos no se han cruzado. Pero sí hay que reconocerle el hecho, al menos, de no haber querido ser partícipe de nuestro linchamiento final.

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