Diario de León
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Elisa E. Vázquez. ponferrada
Ponferrada

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De iglesias, mezquitas

y latrocinios

Estoy de acuerdo con el ex senador Jaime Lobo Asenjo en muchas de las cosas que escribió en la Tribuna del día 8, titulada Latrocinio. En primer lugar, yo, al igual que él y que Don Quijote, también moriré de vieja y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre. Especialmente a aquellos animales bípedos que le dan vueltas y vueltas a sus argumentos intentando marear al que los escucha para convencerle de la veracidad de las mayores falacias, defendiendo una proposición y su contraria, con tal de llevarnos a todos a su movedizo terreno.

También estoy de acuerdo, como no podía ser de otra manera, con la definición que da del término «latrocinio», pero no me parece de recibo que acuse a la plataforma Europa Laica de querer perpetrarlo; ya que dicha plataforma a la que él, sin respeto alguno, se atreve a definir como ultracristianofóbica y fantasmagórica sólo pretende, a mi entender, defender un laicismo que nuestra Constitución proclama y casi nadie considera con la seriedad que el concepto y sus consecuencias merecen. Yo no pertenezco a esa ni a ninguna otra plataforma laicista, al menos de momento, pero considero razonable pensar que no tiene porque ser ultracristianofóbica; yo creo que un estado moderno, europeo y multicultural debe ser laico y no por eso soy antimusulmana ni anticatólica. Lo de fantasmagórica, no sé a qué se refiere; y en cuanto al latrocinio y saqueo, creo que es más justo aplicárselo a la Iglesia católica que, saltándose cualquier consideración histórica o ética, inmatriculó la Mezquita en 2006 en el Registro de la Propiedad, quitándole en 2010 el nombre de Mezquita para referirse al monumento sólo como Catedral; apropiación que, por cierto, llegó a protagonizar titulares en la prensa nacional e internacional como en The New York Times . Saqueo y latrocinio de una Iglesia que se cree dueña y señora de lo suyo y de lo ajeno y que, si le sale bien, puede seguir perpetrando en todos aquellos lugares y monumentos que considere de su interés.

Por último, no nos asuste con justiprecios desorbitados porque todos podemos tirar de una interpretación de ley y su contraria, podemos hablar de ibis y demás impuestos, podemos ponernos dignos y juristas porque, como bien sabemos usted y yo y Don Quijote, y sobre todo su Santa Madre Iglesia, las leyes van hacia donde quieren los reyes y, en algunas ocasiones, el rey debe ser el pueblo soberano. No acuse, no desprecie, no insulte, no amenace; demuestre que su educación se mantiene a la altura de su erudición.

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