HOJAS DE CHOPO
Escritura mediática
Vivimos tiempos convulsos, no sé si mejores o peores pero convulsos, en que las costuras están abiertas porque posiblemente desconozcamos la medida de la ropa que hayamos de usar. Las crisis que superan lo estrictamente económico, como es el caso de la que nos afecta, tienen esto, poner en tela de juicio, además, el elenco de valores, verdades y usos establecidos a la espera de que surja un nuevo modelo más justo, equilibrado y saludable.
También la literatura se sumerge en esta desorientación. Cuando el análisis literario, de la escritura mejor, que conviene más a lo que quiero decir, tiene una mirada con determinante acento sociológico, es que el aprecio por la belleza de lo creativo está sufriendo una merma, con distintos grados según las diversas circunstancias y los intereses que las animan. Hay una tendencia, bastante notable, como sustrato impulsor que fija el éxito, el glamour o cierto efímero deslumbramiento social como guía o termómetro de la acción literaria. Gran confusión en general, pues la conciencia de corredor de fondo que exige la creación de cualquier obra literaria que se precie, al margen del talento, se relega a cierto famoseo que, en general inconsistente desde el punto de vista literario, acaba por derrumbarse más pronto que tarde. Hay que aceptar la falta de propuestas creativas o su agotamiento.
Unido generalmente a ello, a veces también a su aprovechamiento económico, están los círculos de la palabra. Los circuitos del poder de la palabra, mejor. Circuitos cerrados, por cierto. Me refiero a los premios literarios, a los dotados con dinero público, por supuesto. En su creación, propuestas y ejecución se está ejerciendo, en ciertos casos, una de las mayores prostituciones literarias. Yo te doy aquí, tú me das allá, mañana nosotros damos a un tercero, que, a su vez, con un cuarto… Todo se cuece en la misma cocina o se diseña en trastiendas poco compartidas.
Como las memorias, tan de moda, que se venden más en los platós que en las librerías. Memorias sobre todo políticas, una premeditación de negocio de muchos que apenas tienen nada que decir y se atrincheran en la elucubración de la memoria desnudándola en tertulias y saraos restrictivos, fuera, en general, del interés ciudadano. La máxima aspiración parecer estar en saber quién vende más, con la consiguiente apropiación partidista, o si las ventas cubren, rebasan o no llegan a los anticipos, nada despreciables por cierto. En esta falsa deducción de muchas ventas, mucha calidad ha entrado igualmente el fenómeno masivo de los famosos del corazón que tienen el anuncio en sus programas y arrastran gentíos y pasiones, la clave más clara de cierta escritura mediática. Nada que objetar, faltaría más. Sólo constatar que, para bien o para mal, tampoco corren buenos vientos para la lírica. Los mercados tienen e imponen sus propias razones.