Diario de León
Publicado por
manuel alcántara
León

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En Melilla y de madrugada se batió la plusmarca del salto de vallas practicado por anónimos atetas hambrientos. No es extraño que ni en el Marca ni en el As registraran el récord porque la semana próxima se quedará antiguo. Otros subsaharianos vendrán y lo harán inferior al establecido por ellos. Todos buscan, mientras se juegan la vida, otra forma de vivir, pero hay que pensar en el alojamiento involuntario que le damos a estos rápidos viajeros. La crisis ha hecho imposible la hospitalidad y en los hospitales españoles hay recortes de personal, de material y de horarios.

Los nativos también tenemos que escoger el momento de enfermar, ya que en nuestros hospitales, que eran los mejores del mundo, hay solo diez sábanas para treinta pacientes. Quiere decirse que hasta los fantasmas más saludables tendrán que ir en pelota.

¿Cómo será esa nueva vida que les aguarda a los que se libraron de morir de hambre? Todos son hombres jóvenes, pero al sur de las vallas se quedaron sus mujeres, que no pueden ir a la tienda porque no tienen dinero, ni a las tiendas de campaña que habilitaron sus maridos, que se largaron a ver cómo es el mundo. Habían oído rumores de que había lugares donde toda la gente podía comer, unos peor, pero otros muchísimo mejor, y se apuntaron a la desigualdad, ya que siempre es preferible conseguir unos restos de comida que saber, para los restos, que no tendrán nada que comer.

Cada subsahariano, aunque esté vivo, ha dejado una viuda al otro lado de la alambrada. Va a comprobar que no hay paraísos, aunque fuera un infierno lo que deja atrás, con su mujer y sus niños, que no podían saltar de madrugada la vulnerable frontera que protege a los ricos occidentales, que somos pobres, pero no de solemnidad, sino de enemistad. El cristianismo es un experimento fracasado por culpa de sus seguidores más que a causa de sus perseguidores. Da vergüenza llamarse cristiano leyendo los periódicos o viendo el telediario.

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